domingo, 25 de julho de 2010

Korny Mother Fucker

I'm such a stupid fuck
listening to my head and not my god
constantly thinking, 
and thinking
and thinking
and thinking





Ya antes había comentado sobre por qué considero que Korn es una excelentísima banda, con todos sus atributos, sus altibajos, su sonido y coherencia (por aquí debe de estar esa entrada, quién sabe dónde).

Esta vez quisiera redireccionar ese mismo rubro hacia mi opinión más personal y mi experiencia más íntima con dicha agrupación, alejándome un poco de la "reseña musical" y adentrándome ya en lo que la banda de Korn significa en mi vida personal. Esto claro, si la audiencia así me lo concede y su paciencia para leer esto así se los permita. 

Varias veces he comentado con amigos cercanos que si yo fuera una banda, sería Korn. Esto es, que si toda mi identidad, mi ideología, mi actitud hacia la vida, mis defectos y mis tensiones pudieran de algún modo licuarse y destilarse hasta que resultara de ahí una batería, un vocalista, con sus letras, bajo, guitarras y arte conceptual, el resultado definitivo sería Korn. Ojo que no estoy diciendo que yo sería tan bueno como ellos. En lo absoluto. Me refiero a que esta banda grita lo que yo quiero gritar, lamenta lo que yo lamento y describe con música lo que yo intento describir con mi muy humilde manera de ser, simple, individual y primitiva.






Yo conocí a Korn por medio del mercado negro privado de la técnica 61. Resulta que por allá del año 1999 cursaba yo mi segundo año de secundaria cuando me voy enterando de que en las computadoras del taller de computación algunos alumnos escondían fotografías, juegos y música en ciertas computadoras de la sala para compartirlas entre los demás compañeros; naturalmente se ponía de todo en esas 'carpetas buzón' del contrabando, por lo que teníamos que ser muy discretos a la hora de comentar si había material nuevo (la puerca está en la pocilga), o si se solicitaba más producto del mal (Dice mi mamá que si le puedes abonar lo mismo de la semana pasada). Varias veces nos formatearon las computadoras, pero generalmente casi siempre había material de bandas como Theatre of Tragedy, Slipknot, Resorte, Brujería, Pantera, y por supuesto, Korn.

Dije "producto del mal" porque efectivamente eso era lo que para los padres de los años noventas representaban estas bandas ruidosas, violentas y por demás oscuras. Desde el día en que mi padre me tiró un cassette pirata que tenía de Molotov ya quería saber qué tenían de peligrosas estas bandas tan rebeldes e innovadoras que los padres y los maestros pretendían distanciarnos tanto. Era evidente que existía algo en ellas mucho más fuerte que ellos mismos, y mis deseos por conocer ese 'inmoral y mórbido peligro' no se hicieron esperar.

La primer canción de Korn que escuché fue A.D.I.D.A.S. y eso porque la pusieron en el equipo en donde estaba yo trabajando con otro grupo de compañeros. Ellos lo llamaban "las abejitas pedorras" por la obertura de la canción que simula a un zumbido y por el amplio nivel de creatividad y clase que tienen los pubertos secundarios. No obstante, mi atención se centró en el estribillo de dicha canción: "All day I dream about sex" que se repetía constantemente. Bajo la coincidencia de que en aquellos días se estaban dando en mí los primeros encuentros hormonales y las inquietudes sexuales, inmediatamente pensé "pues estos güeyes de abejitas y de pedorros no tienen nada" y entonces quise escuchar más de ellos. Pensando quizá en que así podría también saber más de mí mismo.


De ahí en delante no recuerdo gran cosa sobre cómo me fui involucrando. Tengo muy presente la primera vez que tuve un disco de Korn en mis manos, tomado sin permiso del cajón de discos de mi prima de 20 años. El Follow the Leader tenía en la portada a una niña rubia jugando mamaleche al filo de un precipicio a punto de caer al vacío por la misma continuidad que le corresponde al juego. El escalofrío que sentí ante la imagen se me tatuó en la espalda y lo recuerdo cada vez que reflexiono por qué me impactó tanto aquel dibujo -además de ser obra de Todd Mcarlane, detalle que obviamente yo todavía no consideraba-. Pensé en aquello que estaba tratando de decirme Korn con dicha imagen: El destino trágico de la infancia, la inocencia asesinada por su propia naturaleza de ingenuidad; la violación, el morbo, la condena, el suicidio individual y el suicidio colectivo. Si bien todas estas imágenes que me hicieron entender inmediatamente por qué mis padres y mis maestros les tenían tanto miedo a estas bandas, no conforman del todo lo que yo opino de la inocencia, pero sí supe que estos amigos del nombre sinsentido y de fotografía tan agresiva iban en serio con el trabajo que estaban realizando, y que realmente sabían cómo impactar y cómo romper las reglas de las casas más conservadoras y autoritarias. Días después, cuando me enteré que en Estados Unidos un jovencito fue expulsado de su escuela por llevar puesta una playera de Korn, ahí me convencí de que esta banda iba con todo y para mucho. Me atrevo a decir que hasta el día de hoy no han dejado de sorprenderme.


Hasta donde las baterías de mi cd-walkman me alcanzaban, escuchaba a Korn debajo de la cama o en el techo de la casa. ¿Quién hubiera pensado que justamente uno de aquellos compañeros que tacharon a esta banda de "abejitas pedorras" vendría con todo su orgullo a prestarme el álbum Issues original y todo? Una vez más, la portada del disco me causó una náusea deliciosa en la espina dorsal de mi cuerpo en desarrollo, y cuando vi las opciones de portada que se habían considerado para caratular a dicho disco, de nuevo, trasgredí la autoridad de mis padres pensando en que esta música, esta banda tan violenta y prohibida iba a enseñarme cosas de las que ellos nunca serían capaces y entonces supe que no podía dejarla pasar, ese negror que las cuerdas y las exclamaciones en la grabación invocaban en mis tiernos doce años de edad.

Ya después, y con la llegada del bendito internet a nuestro planeta, fui conociendo más y más a J. Davis y a su grupo. El arte conceptual del Life is Peachy me dejó helado, y la portada de su primer disco, Korn, ya me decía que la banda era demasiado. Me dediqué entonces a traducir algunas canciones (no es por mamar pero a mis trece años yo ya dominaba un excelente inglés). Make me Bad, Somebody Someone, Hey Daddy, Freak on a Leash y Shoots and Ladders comenzaron a recrearme pesadillas en las cuales, complacido, se me escapaba siempre una sonrisa entera. Cierto que en aquellos días el metal ya ofrecía opciones como Slipknot, Brujería, NOFX y otros, pero yo tenía una conexión muy propia con Korn que iba más allá de su ambientación agresiva y sus imágenes tétricas. No sería sino hasta el lanzamiento de Untouchables que entendería el por qué.

Conforme fui comparando los discos de Korn, noté que su música maduraba de disco en disco. En cada uno proponía, reinventaba, se atrevía y se desarrollaba a sí mismo. Noté que por ejemplo, Slipknot reciclaba sus discos viejos, valiéndose de aquella fórmula del 1995 que habían estado trabajando de toda la vida. Korn se atrevió a dar otra propuesta sin perder la cara que mostraba, y en cada disco siempre tuvo buen éxito (éxito hacia conmigo, no estoy hablando de sus ventas comerciales). Noté que Limp Bizkit ya era una banda hueca para cotorrear, para dar el rol, bailar como simio y para usar la palabra fuck hasta matarla. Korn por su parte manejaba una letra inteligente, profunda, doliente, y siempre bien modulada por las cuerdas explosivas de Johnattan. Pasajes como "angels stabbing me inside", "You want to see the light? So do I", "Everytime, goddamn, I look at my son I see something I can't be, beautiful and care free, that's how I used to be" y más, en conjunto a la algarabía y la voz desesperada pero audible que distingue a Johnattan Davis me hicieron sentir que estaba con una banda que iba creciendo a la par conmigo y que tenía mucho que enseñarme.

Saliendo ya de este tema tan propio, diré que los procesos por los que ha pasado Korn me parecen de lo más ejemplares. Hoy en día pocas bandas se dan a respetar realmente, pero Korn ha sido firme en su esencia y, dicho de ellos mismos, no les interesa hacer dinero, fama, o siquiera el metal. Ellos son músicos, y les interesa hacer música, como saben hacerlo, como se sienten cómodos y como sus propias experiencias así los han educado. Korn no tiene miedo de que la crítica y la gente en general lo tache de poperos, de gastados, o de ridículos. Korn es de las bandas más humanas que he conocido justamente porque nunca se están cuidando de pensar si esto suena muy pop o si deberían agregar más sangre y más mujeres desnudas para que vean que sí son de los malos malísimos malérrimos. Korn toca temas propios de la inquietud humana y sus desvaríos que pocas bandas que no salen de su postura de malos y sodomitas alcanzan a tocar siquiera.
Por dar algunos ejemplos, el video de Hold On pone en escena a los integrantes participando en un concurso de jaripeo. Y'all wanna a Single denuncia la destrucción de la industria musical por causa de las descargas por internet, mientras que Got the Life se mofa de los rockstars posers y plásticos. En Twister Transistor priorizan la amistad sobre la pretensión del género musical al invitar a hip-hoperos como Snoop Dog y X-Zibit a protagonizar el video. Falling Away from me y Freak on a Leash revelan explicitamente el maltrato infantil, mientras que en Here to Stay reconocen la infinita basura que se transmite por televisión. Podría continuar con este listado de temas que Korn abarca: sexo, religión, amor, soledad, odio, pero creo que he dejado en claro que si le pidiéramos por ejemplo a Inmortal que se dejara de hachas y fuegos pero que conserve su identidad como banda, no sabría qué hacer.

Admiro de Korn esa capacidad para proponer ideas y sonidos, y seguir siendo siempre Korn. Admiro la atención y el reconocimiento especial que le dan a sus fans al visitar hospitales, regalar boletos para los jóvenes del ejército, o abrir convocatorias públicas para que algún fan se encargue del arte conceptual de algún video o disco (sucedió con la portada del Issues y con el video de Right Now). Admiro que se rían en las entrevistas, se hagan bromas entre ellos, tomen los temas delicados con la madurez pertinente (como la salida de Head debido a encuentros espirituales que cada integrante de la banda le respetó ampliamente) y sepan responder a sus respectivas familias. Me pareció preciosamente irónico que cuando un reportero acusó a Korn de "lack of family values", la banda organizó un tour masivo llamado, justamente "Family Values" y así taparle enteramente la boca al quimosabi aquél. Eso es mostrarte como ser humano antes que como producto de ventas. Y eso hoy en día se ha perdido entre los grupos.

Desde luego, la imagen con la que se adorna Korn también me acomoda y también me identifico con ella. El pedestal único del micrófono que ostenta Davis es un monumento al erotismo cyber-punk, tema que me ha atraído desde hace un par de años. La experiencia de Davis como ayudante de forense se refleja en sus ideas, y yo he querido aplicar para un empleo parecido mucho antes de saber algo sobre este dato. Sus vestuarios simples, elegantes, austeros y discretos me sientan muy cómodo, y de su arte conceptual ya he comentado bastante. Hablando más de visuales, es interesante señalar que cada integrante tiene su propio estilo característico que define tanto al grupo como al individuo arriba del escenario: El bajista Fiedly (de raíces españolas por cierto) literalmente baila con su instrumento. Davis (de raíces escocesas) brama con el cuerpo, Silveira (de origen aleman y español) inyecta adrenalina desde el fondo con sus gestos, y Munky (mitad italiano y mitad mexicano) es un juguete disfrutando lo que hace ahí arriba.

Si bien Korn no es la banda más completa de este arte, ni tampoco es la más importante, sí es la que reúne todo lo que yo considero que soy y todo lo que estoy aspirando a llegar ser como persona. Gentil pero reacia. Inteligente pero divertida. Atrevida pero seria. Korn conforma, traduce y completa lo que yo entiendo de mí mismo desde los doce años y conforme su música "takes a part of me" ahí seguiré viviendo como ellos me han interpretado.




segunda-feira, 12 de julho de 2010

Cronológica historia de amor.

Nes era mi mejor amiga en todo el mundo. En ese tiempo yo no entendía lo que era el amor, ni mucho menos, pero seguro que era lo que sentía por ella. Debo confesar que no recuerdo cómo la conocí, o cuándo la vi por primera vez. Nes era de esas niñas que viven en tu colonia pero que nunca sabes en cuál casa exactamente. Nunca importó ese detalle con ella, estoy seguro que tampoco recuerda cómo nos conocimos, simplemente existíamos en nuestra forma simple y llana de ser infantes asexuales.
Recuerdo que me dolían las manos cuando la tomaba. Las suyas siempre fueron manos toscas y ásperas, demasiado agresivas para mis manos de niño pequeño, pero jamás la soltaba, nunca se lo reproché, y sobre todo, me encantaba. Me gustaba que fuera tan necia y tan difícil de tratar (supongo que debo agradecerle a ella mi paciencia con el SPM). Luego de haberme cambiado de casa, nunca volví a saber de ella.










Para mi época de primaria, el destino me bendeciría con una señorita todavía más ruda que Nes, pero eso era justamente lo que en mi infancia necesitaba. Súper fue la chica que me escuchaba cuando volvía a casa nervioso y enojado porque Saira no me hacía caso, y estuvo ahí escuchándome siempre, sin hacerme corajes. Eran tiempos en los que no me importaba si las chicas eran muy cuadradas o muy frías. Yo simplemente quería una para mí, y Súper fue la respuesta que obtuve.
Por supuesto siempre la tuve mimada. Le compraba accesorios y cosillas que me alcanzaban, como esa calcomanía de Jumanji que siempre se le vio muy bien. En general, Súper era fea, pero como dije, no me importaba. Cabe señalar que mis primeras travesuras con mis dedos las hice con ella, me gustaba pasarle los dedos en su centro y hundirlos en ella. Podíamos hacer eso todo el día, jugando. 
Me enamoré de ella cuando la vi en los pasillos del Pasito, y en ese instante supe que la necesitaba conmigo.
Luego de muchos años de relación, Súper entonces tuvo una tragedia terrible que me hizo perderla y de la que no quiero hablar ahora. Basta decir que fue algo que tiene que ver con cerrojos forzados, casas solas y falta de joyas en el peinador de mi madre.













Apareció entonces, en la cúspide de mi pubertad casi concretada, la chica más oscura, atrevida y liberal que haya conocido niño alguno. Su nombre era Sesenta, y era una lolita cínica y compartida que yo por supuesto adoraba.
Yo llegué un poco tarde a su vida. Cuando ya ella había estado con mis amigos, con los amigos de mis amigos, con mis primos y con los primos de mis primos. Todo el mundo conocía muy de fondo a Sesenta, menos yo, y eso me hacía sentir bajo. El libido, la negligencia, el sexo en tres dimensiones. Todo eso lo conocí con ella y con otros tres amigos más.
Sesenta iba y venía conmigo a comer en la casa de quien fuera. Nos encerrábamos en el cuarto y sus múltiples puertos cuadruplicaban la diversión y la perversión a niveles estratosféricos. Sesenta era estruendosa y obscenamente perfecta. Entendía que todo el mundo se acostaba con ella no porque fuera accesible o porque fuese la chica de moda de toda la secundaria, sino porque era simétricamente bella, explosiva, y siempre dando de qué hablar con esa enigmática N girando que seducía a cualquier niño secundario.
Fue culpa de Sesenta que entonces yo me dedicara a pedir más, y más, y más de las mujeres. Ya nada me saciaba, quería consumirlo todo, quería tener más, temblar más, coger más. Llegamos incluso a tener un hijo un pequeño Advance que perdimos al poco tiempo y del que tampoco quiero hablar al respecto. Hoy me pongo a pensar que quizá nunca debí haber abandonado a Sesenta por...










...Play. 
Oigan, yo era muy joven todavía ¿de acuerdo? Sé que nunca debí haberlo hecho. Play era inteligente, discreta y tenía una memoria impresionante. Ciertamente era mucho más fea que Sesenta, pero Play ofrecía opciones nuevas que mi gula mental ya me demandaba. Conocí a Play en la casa de mi primo donde nos presentaron, y empecé a tratarla, platicar con ella y me dejó vislumbrado. Play no solamente era inteligentísima, también era violenta. Le gustaba cargar un estuche con todos sus discos que podían pasar a ser desde demos, a juegos originales, piratas y hasta de música. Era increíble la versatilidad y las habilidades cognocitivas que esa chica pre-adolescente ostentaba. Con esta experiencia de intelectualidad distinta, supe que eso era lo que yo realmente quería.
Decía que lo había lamentado porque luego supe que Sesenta, después de esta 'traición' con Play quedó muy muy herida. Creo que hasta cambió sus ropas negras por colores más chillantes y psicodélicos. Me entristeció mucho eso, pero Play ya me había puesto de frente a un espejo y no había vuelta atrás.

















Cubo se apareció en mi vida como cualquier amiga sin malas intenciones. Era una chica japonesa que vino a instalarse en mi casa cuando yo ya había alcanzado cierta madurez como hombre. Aunque Play estuvo de acuerdo en que Cubo se quedara con nosotros, sé muy bien que se moría de celos. Ya no podía escondérmelos. Poco a poco, y con cortejos realmente inocentes, Cubo fue ganando mi confianza hasta que con el tiempo, toda mi atención y degustación era completamente de ella. Así, chingaquedito, expulsó a Play calladita calladita, con todo y su estuche de cosas.

Cubo era muy, muy paciente. Me mostraba el lado inocente y amable de la vida y hacía que las cosas pesadas y violentas no lo fueran tanto. Quizá no era más inteligente, ni más reveladora que aquélla que se fue por la puerta trasera. Lo cierto es que yo era el único hombre en su desamparada vida, y eso me hacía sentir extremadamente bien. 
Para ese entonces, mi desarrollo mental ya se satisfacía con otras cosas, y nunca le demandé a la desamparada Cubo más de lo que podía darme. Si bien no era del todo feliz, sí estaba muy cómodo con ella, hasta que llegó una fuerte crisis y ella tuvo que marcharse, justo cuando mi sensibilidad mental ya terminaba de definirse. Cubo se despidió de mí sin rencores, con un gesto agradecido de paz y sensatez que hacen que hoy la recuerde con gusto. Supe que vivía con una familia de cuatro hijos jóvenes, y que por lo pronto, está muy bien de salud.













Hoy puedo decir que estoy orgulloso de todos estos capítulos de mi vida amorosa. Me he casado con Lalap, que ha sido una verdadera bendición. Es considerada, inteligente, dedicada y va conmigo a todas partes. Me ayuda con mis tareas, duerme comodamente conmigo y hacemos un sinfin de cosas juntos, desde cantar, bailar y ver películas, hasta dormir, leer, trabajar y claro, coger. A Lalap no le falta nada, y a donde quiera que vamos la gente se sorprende de su alcance, su magnitud y su finura de ser como es. Tenemos un bebé llamado Satio y las cosas, los detalles y hasta los problemas se han resuelto de maravilla. Estoy contento realmente, y a todas estas chiquillas les debo el fuerte y gran compromiso que he concretado ahora. He probado y he sabido de antemano la decisión adecuada.

sexta-feira, 18 de junho de 2010

D.E.P. José Saramago

Fuente: el país.com




El escritor portugués y Premio Nobel José Saramago ha muerto en torno a la una menos cuarto de la tarde hora canaria (dos menos cuarto hora peninsular) a los 87 años en su residencia de la localidad de Tías (Lanzarote). El autor de La balsa de piedra fue poeta antes que novelista de éxito y antes que poeta, pobre. Unido el periodismo a esos otros tres factores (pobreza, poesía y novela) se entenderá la fusión entre preocupación social y exigencia estética que ha marcado la obra del único Premio Nobel de la lengua portuguesa hasta hoy. En 1998, el máximo galardón literario del planeta reconoció a un hijo de campesinos sin tierra que había nacido en 1922 en Azinhaga, Ribatejo, a 100 kilómetros de Lisboa. Tenía tres años cuando su familia emigró a la capital, donde las penurias rurales se tornaron en penurias de ciudad. Así, el futuro escritor se formó en la biblioteca pública de su barrio mientras trabajaba en un taller después de abandonar la escuela para ayudar a mantener una casa en la que ya faltaba su hermano Francisco, dos años mayor que él y muerto poco después del traslado.

Las pequeñas memorias (editadas en España por Alfaguara, como el resto de su obra desde que abandonara Seix Barral) es el título que Saramago puso al relato de una infancia que siempre tuvo un pie en la aldea de la que había emigrado. Su novelaLevantado del suelo (1980) cuenta las peripecias de varias generaciones de campesinos del Alentejo. No fue su primera novela pero sí la que supuso su primera consagración después de que Manual de pintura y caligrafía rompiera en 1977 un silencio de casi 30 años. Eran los que habían pasado desde la aparición de Tierra de pecado, su verdadero, aunque poco exitoso, estreno como novelista. En esas tres décadas Saramago había trabajado como administrativo, empleado de seguros y de una editorial; se había casado y divorciado de su primera esposa, publicado tres libros de poemas, ingresado en el Partido Comunista -clandestino durante la dictadura de Salazar- y, sobre todo, consagrado como periodista.


Levantado del suelo siguió Memorial del convento, en 1982, y dos años más tarde El año de la muerte de Ricardo Reis. Centrada en la figura del heterónimo de Fernando Pessoa, el gran poeta del Portugal moderno, la novela es un intenso retrato de Lisboa de la mano de un poeta imaginario que, igual que pasó nueve meses en el vientre materno, ha de pasar un tiempo equivalente desde la muerte del hombre que lo creó antes de desaparecer definitivamente. La fama internacional le vino a Saramago precisamente con esta novela escrita con una rara intensidad poética que había sabido asimilar todas las lecciones de la narrativa moderna. En una conferencia pronunciada por esos mismos años 80 solía recordar el consejo que él mismo solía dar a los lectores que decían no entender bien sus libros por las mezclas de voces y la ausencia de marcas convencionales en los diálogos: "Léalos en voz alta". Funcionaba.


En ese tiempo, la actividad de Saramago se vuelve frenética. Una laboriosidad que le ha acompañado hasta su muerte con la escritura incansable de novelas, diarios, obras de teatro y hasta un blog . Tras la fábula iberista La balsa de piedra (1986), en la que España y Portugal se desgajan literalmente del continente europeo y se lanzan a flotar sobre el Atlántico, llegaron Historia del cerco de Lisboa (1989) y El evangelio según Jesucristo (1991). Su visión heterodoxa del mesías cristiano levantó una polémica que arreció cuando el gobierno de su país se negó a presentar el libro al Premio Literario Europeo. Herido con aquel gesto, Saramago se instaló en Lanzarote con Pilar del Río, su segunda esposa y nueva traductora. La misma polémica de tintes religiosos se reprodujo en 2009 al hilo de la publicación de una novela considerada hiriente por la jerarquía católica lusa,Caín. Meses antes, el escritor se había visto envuelto en otro rifirrafe. Esta vez en Italia: su editorial de siempre, propiedad de Silvio Berlusconi, se negó a publicar El cuaderno, un libro basado en el blog del escritor, que no ahorraba en él críticas al primer ministro italiano.


La publicación en 1995 de Ensayo sobre la ceguera, el relato de una epidema que convierte en ciegos a los habitantes de una ciudad -Fernando Meirelles la llevó al cine en 2008 con Julianne Moore como protagonista- abrió una nueva etapa en la obra de José Saramago. Novelas como La caverna, El hombre duplicado, Ensayo sobre la lucidez o Las intermitencias de la muerte llevan al terreno narrativo reflexiones sobre el consumo, la sociedad de masas, el sistema democrático o la idea de la muerte. Muchas de ellas parecen nacidas de una pregunta: "¿qué pasaría si?" Si la gente votase masivamente en blanco en unas elecciones, si alguien decidiese vivir al margen de la economía capitalista, si se encontrasen dos hombres totalmente idénticos. Otra de esas preguntas era qué pasaría si la gente dejase de morir. José Saramago sabía que había cosas que sólo suceden en la imaginación crítica de un escritor de novelas.

segunda-feira, 14 de junho de 2010

y simãó...

Hoje não consigo dormir. Manhá tenho a minha primeira aula do portugués em um ano e me sinto um pouquinho impaciente. A aula é as dez horas e debo dormir agora, mas não sei por que não posso. Não durmi em trés días e agora não consigo fazer-o.

Ótimo, não é?

Eu bisbilhotei na casa e achei um velho cuadernho da minha irmá. É um cuaderninho muito bonito e deixou-me uma idéia maluca. Eu voy escerber nesse cuadernho as coisas que eu penso referente ao meu viajem ao Lisboa ou Brasil. Tudo em portugués, é claro. Será como um diário mas não do meu presente mas do meu futuro.

Infelizmente o cuaderno tem muitas notas da minha irmá da sua aula do contabilidade. Eu esstive perto tirar-las mas são muitas demáis. Isso é porque a minha irmá apenas fiz uso de um lado das folias. Então eu podería fazer uso do lado limpo das folias mas tería coisas de contabilidade no outro e eu não gosto disso mesmo. Mas não tem importáncia, eu gosto dele demais. Posso sobreviver.

Eu tentarei dormir de novo agora. Escreberei muito nesse cuaderno (também pra voltar á caneta e deixar um pouco o tecládo) ate que eu fosse ao Portugal, o muito depóis disso.

domingo, 6 de junho de 2010

Spike Jonze - I'm Here

Advertación: ¡Spoilers! Por favor remitase al cortometraje aquí referido antes de leer este artículo.






Algo que aplaudo mucho de los cortometrajes es su facilidad para convertir a la ficción en una realidad palpable y convencernos de ello.
He visto divertidas anécdotas que me hacen apostar a que sí pueden existir situaciones y mundos como ésos en la pantalla; más que nada por la belleza que tienden a escenificar, el mensaje tan humano con el que concluyen, y el ingenio para llevarlo a cabo me convencen de que estos sentimientos existen, y que pueden sucedernos nada más por que así suceden.

Éste es el caso de I'm Here. Una brevísima anécdota de algo imposible, pero humano, y por lo tanto, parte de nosotros.

I'm Here narra la historia de Sheldon, un robot tímido e introvertido en un mundo ubicado (pero no ambientado) en el futuro, donde los robots realizan las actividades más desagradables y fastidiosas para el hombre. No es ninguna sorpresa entonces que Sheldon encuentre su vida rutinaria vacía, monótona e insabora. Su rostro plastificado expresa angustia, depresión y cansancio, inclusive en su sonrisa, agria y efímera, en un gesto que encontramos también en el resto de los robots que aparecen en el filme.

Sheldon es entonces, al igual que sus semejantes, un robot solitario y sin esperanza: rutinario, destinado al simplismo, y silencioso con su incomodidad diaria, ¿cómo podría encontrar así a una figura femenina que le inyecte algún estado, alegre, espontáneo y anímico?

Sheldon casualmente conoce a una chica robot totalmente opuesta a él, quien decide no hundirse en la situación a la que los robots están confinados y atreverse a la vida. La chica se presenta ante el espectador como una robot despreocupada, que rompe las reglas, pero que no es de ninguna manera problemática o rebelde. "You can't drive a car!" le grita una anciana cuando la ve conduciendo un auto, a lo que la chica robot sonríe, se burla y sigue su camino. Me ha parecido interesante esta manera de Jonze para introducir al personaje en la vida de Sheldon. De inmediato sabemos que se trata de una chica excepcional, por encima del promedio de su raza, y que en su cabeza ella programa cosas mucho más creativas y sobresalientes que romper las reglas establecidas (cualidad que veríamos más adelante cuando ella logra construir a toda una familia de ratones usando sólo papel china).

La chica robot (cuyo nombre no se enuncia) encuentra a Sheldon falto de energía, taciturno y un poco acobardado. Esto lo vemos en la escena del auto (donde por cierto, aparece un humano bastante retrasado, como queriendo exhibir la real calidad humana) cuando la chica lo mira atento por el retrovisor, y más tarde, le da un pequeño tumbo muy cariñoso como diciendo -con ese lenguaje corporal tan propio de las mujeres- que está interesada en tratarlo y conocerlo. Salta a la vista entonces que si bien Sheldon no es un robot muy al estilo de ella, sí es lo bastante simpático, carismático y amistoso como para traerle la paz que ella, con su modalidad activa, también está buscando indirectamente.

La escena siguiente es de lo más emotivo. Sheldon comienza su trabajo de buen ánimo; amable, anímico, servicial, contento. Es evidente que conocer a alguien tan alegre y que además le devuelva la misma simpatía, reanima cualquier estado y hace lucir mejor al día, no importa cuán rutinario sea, la ilusión con alguien condimenta cualquier oficio y le agrega un sabor diferente a cualesquier actividades diarias.
Comienza entonces un idilio juguetón y colorido entre ellos, donde ambas partes están siempre sonriendo complacidas y cómodas. Sheldon encuentra en ella una luz al final del túnel, por su carácter tan vívido y positivo, mientras que ella parece encontrar en Sheldon una pasividad hermosa, un sosiego necesario y buscado desde hace tiempo, por lo que el equilibrio es instantáneo y la devoción a esta querencia de vida se vuelve indispensable.

Viene entonces en la película el momento de poner a prueba este cariño que se formó de forma tan natural entre ambos. Por la forma de pensar de Sheldon, su decisión de sacrificar su cuerpo a cambio de mantener la "humanidad" de ella parece ser parte de su propia naturaleza. Sheldon no duda ni un momento en entregarle un poco de lo que necesita para mantenerse estable y funcionando. Alarmado, Sheldon se mutila el brazo y se lo instala a ella que lo había perdido, en un acto que simboliza justamente esta ideología de conservar la totalidad de la pareja amada aun cuando esto signifique el sacrificio propio.

De aquí surge mi idea personal de que una buena manera de nutrir al amor es por medio del sacrificio. Las escenas que le siguen al accidente recuperan la felicidad y el sosiego que la pareja había mostrado antes del accidente, y el hecho de que Sheldon viva sin un brazo el resto de los días parece ser el menor de sus problemas. A él no le importa su brazo mientras ella continúe con las actividades y la sonrisa de siempre, detalle que lo satisface más que tener dos brazos completos y que pone en evidencia al amor sincero.

Poco a poco, esta devoción va consumiéndolo casi por completo, y Sheldon termina convertido en sólo una caja sonriente a manos de la mujer que ama, completa y agradecida. Ambos perfectamente satisfechos el uno con el otro, como si nada realmente malo hubiera pasado.

He narrado un poco la trama para explicar también por qué me ha parecido prudente usar robots como personajes y violar algunas reglas de la ciencia (que como dije antes, no vienen al caso cuando de cortometrajes se trata).
Sheldon y su pareja llevan al plano de lo factible lo que muchos hombres quisieran hacer, si pudieran, por sus respectivas parejas. Parece imposible que un humano enamorado reponga el brazo de su amada con uno suyo, pero así lo haría sin pensarlo. Es esa entrega y esas ganas por ayudar al otro lo que Sheldon representa en I'm Here a modo de lo que es: una tierna fantasía. Como espectadores aceptamos ese amor entre máquinas porque exhiben patrones muy humanos con los que de inmediato simpatizamos. Terminamos entonces convencidos de que se trata de una pareja con mucha mejor calidad humana de la que tienen muchos humanos que conocemos afuera: mucho más fríos y más monótonos que un robot mismo. Lo que Spike Jonze quiere decirnos con esta encantadora pareja es que hay actos que el ser humano desea hacer para demostrar amor y devoción a con otro humano, pero que por cuestiones superiores a él mismo no puede demostrar, aún cuando para él sean verdaderos. Esta triste barrera es superada en el filme y el resultado final es que presenciamos lo que todo ser humano quisiera hacer o recibir por su pareja, y eso lo hace bello.

Si bien I'm Here es de tono inocente, lúdico y nostálgico, la idea central es identificada por cada persona capaz de sentir un amor sincero, que supere las contrariedades de las reglas establecidas y al egoísmo sin provecho hasta lograr una felicidad inquebrantable. Considero que Sheldon y su chica encontraron una felicidad mucho más allá de las imposiciones preestablecidas y que ellos representan un sentimiento mucho muy humano que eclipsa al carácter de su artificio. ¿O qué hubiera pasado si ella obedeciera la orden de no conducir un auto? Cambio la pregunta: ¿qué cosa hubiéramos visto en la pantalla de haber exigido la norma de que los robots no tienen manera de enamorarse? No lo sé, pero seguro no habría sido la representación de un amor deleitante que muchos humanos ya quisiéramos tener en nuestra vida.

sábado, 29 de maio de 2010

Cristianismo:

La creencia de que algún judío zombie cósmico políglota puede hacerte vivir eternamente si te comes un ostión representando su carne y te comunicas telepáticamente con él para aceptarlo como el amo y señor de tu destino. Así él podrá retirar las fuerzas malignas que hay en tu alma venidas del hecho de que una mujer nacida de una costilla fue convencida por una víbora de comerse una manzana de un árbol mágico quién sabe dónde, y quién sabe cuándo.  

quarta-feira, 12 de maio de 2010

Un Acercamiento a La Melancólica Muerte del Chico Ostra

En 1997 Tim Burton escribió The Melancholy Death of Oyster Boy retomando la tradición de The Book of Nonsense de Edward Lear pero sólo para pervertirla a su propio estilo. Lo que en Lear son absurdos orígenes geográficos, en Burton son criaturas de una gestación contra natura.

En la escena introductoria de Batman Returns, Burton presenta al Pingüino como un monstruoso bebé cuya primera gracia fue matar al gato. Acto seguido, sus padres lo arrojan a las cloacas, con lo que podía conjeturarse que, de acuerdo a Burton, la monstruosidad era sólo un rasgo hereditario. El mismo esquema siguen sus historias rimadas en The Melancholy Death of Oyster Boy: en varios de los poemas, Burton describe con humor negro el disgusto de los padres ante un hijo amorfo, y con frío cinismo remedian la situación de la manera más irónica.


Los juegos de palabras son de una literalidad entre tierna y siniestra: Oyster Boy, en su cualidad de tener cabeza de ostra, es devorado por sus padres: “As he picked up his son // Sam dripped on his coat // With the shell on his lips, // Sam slipped down his throat” (p, 129). Match Girl enciende en llamas a su enamorado: “But could a flame ever burn // for a match and a stick? // it did quite literally; // he burned up pretty quick” (p, 125) y James, un niño que fue atacado por un oso grizzli, recibe de regalo un oso de peluche: “Unwisely, Santa offered a teddy bear to James, unaware that // he had been mauled by a grizzly earlier that year” (p, 132).


Además de las narraciones, y así como Lear, Burton se vale de las ilustraciones para equilibrar lo narrado por el poema y el eufemismo que el humor negro a su vez implica.


Con The Melancholy Death of Oyster Boy, Burton nos confirma un presentimiento sospechado ya desde sus primeras películas: su creatividad puede desplegarse en el plano del cine, del verso o del dibujo, y conserva siempre su sello único que lo define como el anfitrión de una extraña pero nada despreciable realidad modificada.
Este breve libro expone el ingenio de Burton para llevar a cabo, ahora en el discurso literario, su carnaval de personajes extraordinarios ya frecuentes en sus proyectos de cine. A su vez, y como ya se mencionó antes, el libro está apoyado por ilustraciones de técnica con acuarela hechas por el autor mismo y nutren de carisma y de espanto al personaje previamente descrito en los versos de cada apartado; este método, más que continuar la tradición de Lear, quizá se deba más a la resolución del autor para contrarrestar su inexperiencia en cuanto a poesía se refiere, o bien para dotar al libro de un ambiente aún más lúdico. Sea como sea, Burton termina exhibiendo personajes solitarios e impotentes que sufren las angustias, discriminaciones y tratos inhumanos que se dan como consecuencia de sus peculiares diferencias físicas. Robot Boy, por ejemplo, pasa de ser el ansiado hijo primogénito al bote de la basura de la casa: “And Robot Boy // grew to be a young man // Though he was often mistaken // for a garbage can” (p, 126). Mummy Boy es asesinado a palos tras ser confundido con una piñata: “Look, it’s a piñata // said one of the boys, // let’s crack it wide open // and get the candy and toys” (p, 134). Toxic Boy se asfixia cuando pretenden exponerlo al aire libre como a cualquier otro niño: “One day for fresh air // they put him in the garden. // His face went deathly pale // and his body began to harden” (p, 132), y Anchor Baby es un bebé que confina sus días al fondo del océano llevándose consigo a su propia madre “And she was alone // with her gray baby anchor // who got so oppressive // that it eventually sank her” (p, 137).


Habrá que señalar también que estas tragedias de carácter fantástico tienen un dejo de humor negro que minimiza o disimula el horror por el que pasan estos niños. La rima juguetona y los detalles simpáticos a los que Burton da prioridad por encima de la tragedia narrada (por ejemplo el hecho de que al irse al cielo, Toxic Boy deja un agujero en la capa de ozono, o que el verdadero problema de la niña con muchos ojos viene cuando llora), será lo que inscriba a The Melancholy Death of Oyster Boy en el acervo de la literatura infantil. Si bien la piedad que concluye en la mente del lector es apenas perceptible, la inocencia y la ingenuidad de los niños simpatizan con la lírica provista en el poemario y culmina en cada poema con una breve sonrisa que abandona en un segundo plano a la deformación y al infanticidio presentes en la obra.  


Con esto, Tim Burton vuelve a definir las características propias de sus personajes inadaptados y enigmáticos que le han otorgado el prestigio de ser una institución oscura y gótica entre varios círculos adolescentes. Pareciera que su éxito, más allá de su habilidad como director de cine y diseñador de vestuario y escenografía, se debe en gran medida a la variedad de sus personajes retorcidos pero amistosos. The Melancholy Death of Oyster Boy funciona para este efecto, como un álbum familiar que Burton pone a disposición con la intención de expandir su planeta de seres extraordinarios al terreno de las letras.


Las alteraciones físicas de los niños que aquí Burton introduce son extremas e improbables, quizá sea ésta la justificación inconsciente que tiene el lector para no censurar al libro de cruel y despiadado; dado pues que ningún niño realmente nacería con una cabeza de melón, o no esperaríamos saber de una niña que así como así se transformó en una cama; los poemas disfrazan este sinsentido con varios juegos de palabras y con un humor inocente que, vistos objetivamente, no dejan de envolver al niño en terribles experiencias desafortunadas sea o no sea imposible la mutación por la que son definidos como claves del absurdo. No obstante, lo que se termina por retratar, finalmente, son niños tímidos y de carácter autista, con una complexión pálida y agridulce muy similar a la del propio Burton o a la de cualquier otra persona.


Los niños representan aquí el desajuste social, la injusticia venida de un cuerpo desacomodo que orillan a los personajes a ser tristes y calamitosos en relación al mundo de iguales que habitan en el texto.  Inclusive en el último poema de apenas diez palabras, subyace un pensamiento o una insinuación de que estos niños sí podrían ingresar a las sociedades próximas a ellos, de no ser por la discriminación que les nace adjuntas a su deformación misma. Finalmente, el autor se muestra fiel a su universo de inventiva particular en la que se mezclan la crueldad, la ternura, lo macabro y lo poético. The Melancholy Death of Oyster Boy no es más que la versión literaria de lo que sus películas ya han venido trazando desde los sueños de Pee-Wee Herman hasta su adaptación umbrosa de Alicia en el País de las Maravillas.

sexta-feira, 16 de abril de 2010

Sobre la primera vez que vi a un perro muerto

Cuando tenía  yo unos 8 años encontré en el patio de mi casa a mi cachorro muerto. No recuerdo cómo se llamaba.

Lo lloré un poco, luego lo levanté y lloré más fuerte.

Entré a la casa con el cadáver en las manos para mostrárselo a mi mamá, llorando todavía.
Cuando mi madre lo vio, pegó un grito enorme, como si le hubiera yo mostrado una tarántula o un ciempiés viscoso retorciéndose. Fue tan sonoro su gritó que me dejó a mí callado; la señora dio brincos hacia atrás e hizo muecas extrañas.

Yo no pude más que echarme a carcajadas y olvidarme del animal muerto que traía entre las manos.

sexta-feira, 19 de março de 2010

El informe sobre ciegos.

O todo el mundo está loco
o Dios es sordo.
-Enrique Búnbury.

Siempre me preocupó el problema del mal, cuando desde chico me ponía al lado de un hormiguero armado de un martillo y empezaba a matar bichos sin ton ni son. El pánico se apoderaba de las sobrevivientes, que corrían en cualquier sentido. Luego echaba agua con la manguera; inundación. Ya me imaginaba las escenas dentro, las obras de emergencia, las corridas, las órdenes y contraórdenes para salvar depósitos de alimentos, huevos, seguridad de reinas, etcétera. Finalmente, con una pala removía todo, abría grandes boquetes, buscaba las cuevas y destruía frenéticamente: catástrofe general. Después me ponía a cavilar sobre el sentido general de la existencia, y a pensar sobre nuestras propias inundaciones y terremotos. Así fui elaborando una serie de teorías, pues la idea de que estuviéramos gobernados por un dios omnipotente, omnisciente y bondadoso me parecía tan contradictoria que ni siquiera creía que se pudiese tomar verdaderamente en serio.

Al llegar a la época de los asesinatos y cruentos del país, había elaborado ya las siguientes posibilidades:

1º Dios no existe.
2º Dios existe y es un canalla
3º Dios existe pero a veces duerme; sus pesadillas son nuestra existencia.
4º Dios existe pero tiene accesos de locura; esos accesos son nuestra existencia
5º Dios es todopoderoso pero no omnipresente. No puede estar en todas partes. A veces está ausente ¿en otros mundos quizá? ¿En otras cosas?
6º Dios es un pobre diablo, con un problema demasiado complicado para sus fuerzas. Lucha con la materia como un artista lucha con su obra. Algunas veces, en algún momento logra ser Goya, pero en general es un desastre.
7º Dios fue derrotado antes de la Historia por el Príncipe de las Tinieblas. Y derrotado, convertido en presunto diablo, es dos veces prestigiado, puesto que se le atribuye a él este universo calamitoso.

segunda-feira, 8 de março de 2010

Justificando la inconsistencia

Reacomodando hoy mi habitación encontré mi viejo curso de lectura rápida que inicié en Chihuahua y que nunca terminé de hacer. Recuerdo bien a mi asesora de lectura (egresada del ELPAC por cierto) que nunca entendió el problema que tuve para avanzar el curso. Ella decía que durante las primeras semanas del tratamiento me enfocara única y exclusivamente a pasar los ojos sobre toda palabra que leyera, y que me olvidara de entender, por lo pronto, la lectura hecha en sí. Yo entonces le decía que eso me era imposible, porque en las clases estaba obligado a entender las lecturas que hacíamos. (o a ver, traten de leer a Erich Fromm hechos la madre y luego escriban un ensayo sobre la teoría, a ver si es cierto).
La feliz asesora dijo entonces que me las ingeniara, pero debía leer sin entender para pasar a la siguiente fase.

Era hacerle caso, o reprobar Teoría Literaria.


Total, nunca pude terminar esa primera fase que era leer antes que entender. Juro que hacía el esfuerzo; me chutaba los cuentos de Quiroga en dos minutos y los artículos del Selecciones se iban entre sorbo y sorbo. Ciertamente, ésos no importaban si los comprendía o no; nadie iba a aplicarme sus comprobaciones de lectura. Pero cuando se trataba de las lecturas de la escuela, estaba obligado a detenerme en cada párrafo, y digerir cada capítulo, ubicar cada personaje, y entonces toda esa atención que la escuela demandaba era un paso atrás en el curso.

La escuela pues nunca me permitió completar el feliz curso. Aun así me lo traje -ingenuamente- a Guanajuato para aplicarlo durante la maestría, y el efecto fue el mismo, o quizá un tanto peor. Metí entonces el curso a una caja y no volví a saber de él apenas hasta hoy.

Me volvió a la cabeza aquella afirmación que me había hecho durante la carrera hace algunos años, sobre el hecho de que no podré leer como Tim Burton manda, al menos no durante mi periodo estudiantil.
En definitiva, podré comenzar a leer a Nabokov, a Piglia, a Dumas, Bukowski y a toda la infinita lista de libros de mi casa hasta haber concluído, ironicamente, con mis estudios literarios.

Y esto a su vez me lleva a pensar en la paradoja del curso de lectura rápida. Este curso, aparentemente, sólo pueden llevarlo a cabo gente que no está interesada en leer, o al menos, no durante el medio año que dura dicho tratamiento.

-Y lo siento mucho- le dije a mi señora asesora. -Pero me es enteramente imposible suspender mi lectura durante tanto tiempo.

segunda-feira, 8 de fevereiro de 2010

El Espíritu de la Tribu de Juárez

Por: Antonio Rosique

Con admiración para la familia Ibarra, promotores del futbol en Ciudad Juárez.
Hay atletas, existen equipos, a los cuales no se les pueden exigir títulos o grandes protagonismos, sino sólo sobrevivir a la competencia. Hay para quienes, el simple hecho de mantenerse en Primera División o llegar a unos Juegos Olímpicos, es toda una hazaña. Ahí, en el "estar", en el "mantenerse" con vida, radica su gran éxito porque, aunque no nos guste aceptarlo, en el deporte y específicamente, en el futbol, también se gesta una lucha de clases entre los que tienen mucho y los que tienen muy poco. Aunque el espíritu del deporte es buscar la igualdad, no todos tienen las condiciones a su favor para ser Campeones o ganar medallas. Bajo esta perspectiva, no se le puede exigir lo mismo al club rico que al club pobre, al poderoso que al débil, al joven que al experimentado.
Por eso, el drama que viven los Indios de Ciudad Juárez debe analizarse desde una perspectiva distinta. Lo más sencillo sería criticar a "La Tribu" por sus 21 partidos sin ganar, por la ineficacia de sus refuerzos, por el bajo rendimiento de algunos sus futbolistas, por los magros resultados que entrega su entrenador. Sin embargo, juzgarlos de esa manera nos convertiría en insensibles e insensatos. 
Indios de Juárez es el equipo más modesto de la Primera División. Opera con el presupuesto más bajo y en medio de un ambiente social de grandísima tensión. La familia Ibarra, impulsores del equipo desde sus días en las divisiones inferiores, han hecho un esfuerzo descomunal por ofrecer futbol profesional en una plaza con gravísimos problemas, en donde conseguir apoyos económicos y patrocinadores se convierte en una misión titánica cercana a lo imposible. No pretendo convertirlos en víctimas, más bien intento que reconozcamos su dura realidad.
El problema de Indios va más allá de lo futbolístico y debemos entenderlo así. La cuestión no es que la Directiva escoja buenos o malos jugadores, entrenadores capaces o incapaces. Este club se arma con lo que puede, con lo que encuentra, porque a la organización le hace falta de dinero y a Ciudad Juárez le sobran problemas. Más de una docena de futbolistas y técnicos han rechazado la opción de trabajar para los Indios por la inseguridad del entorno, razón más que justificada y comprensible.
En medio de estas terribles condiciones, el reto de Indios de Juárez es totalmente distinto al de Tigres, Gallos Blancos o Atlas, sus rivales por la permanencia en la Primera División. No es mi intención minimizar los esfuerzos que hacen otros clubes en México, sino resaltar que el club fronterizo lucha contra adversidades colosales.
Por ello, la misión de "La Tribu" va más allá de mantenerse en Primera División, lo cual cada día se ve más difícil. El reto de Indios es sobrevivir como organización deportiva; que, pase lo que pase, este club no desaparezca; que esta organización siga existiendo, con su camiseta y sus colores, con su breve historia y su humilde cantera; que siga luchando por superarse; que continué jugando futbol profesional y promoviendo el mensaje del deporte en su lastimada comunidad.
Ante estas condiciones que a todos nos duelen, perder la categoría no es un fracaso para los Indios, sino apenas una derrota por cansancio. Por eso, celebro el esfuerzo que hacen los Indios por no claudicar. Aplaudo su espíritu de lucha. Valoro el ejemplo que nos dan en cada partido porque, a pesar de todo, no han perdido la esperanza de que éste puede ser un lugar mejor del que tenemos.

quinta-feira, 7 de janeiro de 2010

Día de suerte

Crónica de un sueño que tuve esta mañana.


Fernando era un guaripudo ranchero de ésos botudos que pulúan en el norte. Gordinflón, bigotón y pesado, con todo y la difícil persona que era llevaba ya un par de meses saliendo con mi hermana.
Yo nunca fui celoso con los novios de ella, siempre me preocuparon poco. Fernando sin embargo, aunque no muy adulto que digamos, era uno de esos narcos menores que había que tolerar en tu casa porque tu hermana así lo pedía. Tampoco era que me molestara mucho, yo no estaba viviendo en casa de mis padres, así que lo que allá pasara no me incumbía del todo; debo decir que incluso me sentía más aliviado porque, desde hace algunas semanas para acá, Fernando se había dado a la gentil tarea de ampliarle la casa a mis padres, por lo que toda la cocina, estancia y entrada principal estaban provisionalmente destruidas.

-Hijo- me llamó esta mañana mi madre por el teléfono -ahí va Fernando por ti para que lo ayudes a traer unos cementos a la casa.
En pleno domingo, justo los días que me gusta descansar solo en mi departamento. Ni hablar. Me levanté medio frustrado e irritado. Para ser honesto, Fernando me inspiraba, a distancia, un poco de miedo, no porque fuera un narco, detalle del que por supuesto no se hablaba en la casa, sino porque su forma de ser, así recta, machista e inquebrantable, chocaba mucho con la mía, un poco más flexible y discreta.

Fernando, pues, llegó a mi casa en una Ranger plateada, con su música banda anunciándolo a cuatro cuadras antes. -Ámonos, cuñao- exclamó el hombre mientras se bajaba de la camioneta. Yo ya lo estaba esperando en la puerta de mi sitio, pensando en que el encargo pasaría rápido.

Pero todas mis ideas se nublaron cuando al abrir la puerta de la Ranger, vi descansando entre los asientos una enorme escopeta negra y brillante aparentemente recién adquirida. -¿Qué tal la nueva fusca, cuñado? Aduló aquél luego de subirse por el otro lado. -Es de doble acción y todo. N'ombre, está rebonita la cabrona. Éstas nomás las traen los militares- Decía con orgullo mientras la frotaba con la franela que tenía encima, después volvió a ponerla ahí, entre los dos, como luciéndola para ambos como si yo gozara de lo mismo.

Todo el camino rumbo a la comercial quise ignorar el arma de enseguida. La tenía presente en mi cabeza, y me molestaba el hecho de que Fernando siguiera platicando como si aquello junto a nosotros no fuera nada más que una caja de zapatos nuevos. -Pues sí cuñao, cómo ve que me caso con su carnala- -¿Ah sí? Respondí medio sorprendido. -Ei. Está empanzonada la güey-.
Volví a guardar silencio. No podría darle felicidades, ni gemir un "uta madre", ni mucho menos estar muy contento por el destino de ella, pero ni modo, mi hermana lo tuvo que haber previsto.
-Ahí al rato le digo a la suegra. Que sepa que no le va a faltar nada a la chaparra. Por lo pronto amos a subir esas madres-.

Ya que nos habíamos estacionado, me disponía a bajar de la camioneta, pero noté que Fernando iba a preparar otra cosa primero. Sacó entonces del bolsillo un pequeño paquete de cocaína que traía para su uso. Ante mi cara perpleja de verlo  ahí, inhalándola en pleno estacionamiento de la comercial, Fernando le dio todavía una segunda aspirada aún más fuerte. -Ámonos pues cuñao, que están repesadas esas madres y son un chingo- dijo luego de sonarse la nariz, y se bajó del mueble. Lo seguí callado, entendiendo que mientras menos alboroto haga al respecto, más rápido saldré de ésta.

Fuimos entonces por el encargo, y comenzamos, en absoluto silencio, la ardua y nefasta tarea de subir todos los costales a la caja de la camioneta una por una.
Ya justo que terminábamos y exhalamos el último suspiro de alivio, se nos aproximó apresurado un joven con un pequeño frasco en la mano. -Buenas, jefe. Aquí le andamos promocionando la nueva loción para caballero Houston Flex, treinta pesos el frasquito, es fragancia blue blossom-. -Nonono, ahí pa' la otra- resolvió el guaripudo. -Es una fragancia muy fina jefe, de veras, pruébela nomás pa' que vea qué rico- -Que no, chingao- -Se lo juro jefe, le va a gustar, es importada- -¡Ah con una chingada pues, ¡Qué no! ¿no entiendes, cabrón?!-
Yo retrocedí un poco. Si no me agrada Fernando cuando está de buenas, mucho menos así, cansado, enojado y drogado.
-¡¿Eh?! ¿Eres estúpido o qué chingaos?- Prosiguió la agresividad del ranchero contra el muchacho que también se tomó la ofensa. -Uyuy jefe, tranquilo, pos' si quiere no y ya- -¡Gánale pues a la chingada, morro, o te quiebro aquí mero-.
Fue entonces que Fernando dejó mostrar un revólver incrustado detrás de la enorme hebilla que traía puesta. Apenas era para amenazarlo, como perro que enseña los dientes. Ciertamente estábamos cansados, lo que menos queríamos era pelearnos con un muchachito en un estacionamiento por no sé qué bobada, pero no era para tanto. Lamentablemente, el muchacho quiso verse más valiente y poniendo a prueba su suerte, sonrió y le dijo -No mame, jefe. Esas cosas son para matar de a neta, no para andar ahí de mamón.-
La cara que hizo Fernando se me grabó de inmediato. Torció su bigote, abrió bien los ojos como no creyendo lo que había oído, y frunciendo el ceño, sacó el arma del pantalón y le atestó 3 balazos rápidos y mortales.
¡Bam, bam bam! -¿Quién es el mamón ahora, eh, pendejo?

Yo estaba impactado. No podía mover un músculo. Fernando tranquilamente guardó el arma y abrió la puerta de su camioneta; antes de entrar me echó una mirada penetrante como esperando a ver qué es lo que yo hacía. Quería irme corriendo, pero tenía miedo de recibir un balazo por la espalda de un Fernando que no estaba de humor.
Decidí subirme al auto callado, con la cabeza baja. Fernando arrancó el motor en total silencio, pero dejó la camioneta sin mover un rato, respirando hondo con los ojos cerrados, como recobrando la calma. Yo quería irme como sea, pero sentía que si le decía "arranca ya", además de convertirme en absoluto cómplice, estaba firmando también mi muerte. Así que lo dejé en paz con su silencio, esperando a ver qué hacía.

No pasó mucho tiempo para que nos alcanzara una patrulla. Fernando salió entonces de su trance y abrió los ojos. Yo temblaba de nervios, no podía articular nada, me dediqué a ser sólo un testigo que estaba ahí sentado. El oficial se acercó a la ventanilla empuñando su arma. -Salgan del vehículo, rápido- Nos indicaban desde la patrulla. El oficial que se había aproximado apuntó su arma hacia Fernando pidiéndole que se bajara con las manos en alto. Fernando seguía inmutado, pero no como yo, su mirada era más bien como ideando algo para salir de ésa. La mía estaba bloqueada por un miedo que nunca había sentido.
-Bájese y entregue esa escopeta- Señaló el oficial que por la ventana había distinguido el fusil entre nosotros. Fernando la volteó a ver, la tomó con ambas manos, y no sé si fue por el peso del metal que lo llenó de hombría, o si de plano así es como lo había pensado, pero con todas las de perder, con el arma empuñada le dijo -Pues cómo ve que no le doy ni madres- Y en un rápido movimiento, cargó el arma y disparó contra el policía, quien cayó muerto bajo el sonoro impacto de aquella escopeta militar de Fernando.

Yo ahí no pude soportarlo más. Antes de que otra cosa pasara, de un golpe abrí la puerta de la camioneta y me di a la fuga. -¡Hey, a dónde vas, cabrón!- Gritó Fernando a mis espaldas. Intenté correr más a prisa pero sólo pude escuchar su revólver dispararse de nuevo; esta vez a mi contra.

Tras recibir dos balazos en la espalda, caí de boca en el asfalto.
Ahí derribado, a punto de cerrar para siempre los ojos, me encontré tirada, entre las piedrillas negras del pavimento, una moneda de diez centavos.







quarta-feira, 14 de outubro de 2009

Cómo sobreviví al Cervantino


Día 0:
Temeroso de un abarrotamiento en cada licorería de la ciudad. Prontamente reservé unas cuantas caguamas en mi refri. Éstas me salvarán cuando me quede sin un quinto y quiera seguir bebiendo. Así como para tener un atractivo para llegar a la casa.
En conjunto con el tequila que aún me queda de mi cumpleaños, el alcohol casero no será ningún problema.
He marcado los eventos a los que quiero asistir en el festival. Mayormente teatro. Debo conseguir boletos.



Día 1: 
Luego de la clase de Inés, me dirigí al café calipso para ver un lamentable juego de la selección mexicana. Vi los fuegos artificiales y noté cómo efectivamente las calles se llenaban bastante, pero no como para decir que no se podía caminar.
No pude asistir a ningún evento. Ya habrá oportunidad.
Volví a casa.



Día 2:
Ya revisando los horarios y costos de los eventos, me entristeció ver que no todos estaban a mi alcance (Hamlet de Lituania cuesta $500).
Pasé toda la tarde buscando los gratuitos, o los menos groseros. Lástima, me perdí la coreografía brasileña, el cuarteto de violines, el teatro negro que me trae ciertos recuerdos, y algunos otros.
Apenas pude ver el teatro libre de Zacatecas sobre un barco que viaja a la luna. Bastante bueno.
Recogí mi ropa limpia, no me quedaron ganas de leer nada. Quiero ver Prison Break de nuevo.
Volví a casa.



Día 3:
Amanecí con flojera, para variar. No fue sino hasta que tomé un baño que agarré algo de energía.
Bajé al centro sin mucha esperanza en ver algo interesante. Caminé buen tramo hasta un tianguis hippie donde compré una pulsera. Más adelante compré unos rastrillos.
Hubo un evento de malabarismo, Alejandro Capo traído desde Argentina por el teatro callejero de Cata (video aquí). Tras ello, unas zacatecanas me preguntaron por el bar Zilch. Las acompañé hasta él, luego me pasé al café calipso donde me estuve hasta la medianoche. Fui a cenar enchiladas suizas y me dispuse a ir a casa.
Antes, pasé al Rincón del Beso. A petición del inge -dueño- subí al podium y declamé un par de poemas, El Espantapájaros y el Cuervo. Bebí hasta las 3 de la mañana; un hombre al salir me dijo "hasta luego, poeta". Cuánto tiempo había yo esperado para que un perfecto desconocido me designara por tal nombre. Lo más seguro, le dije al inge, es que regrese.
Volví a casa.



Día 4:
Invitación al Antik. ¿Podemos hablar? Pues va ¿qué tengo qué perder? Se habló, todo en orden. Había un baile tradicional zacatecano que poco me interesaba. Otra bohemia oscura por favor viejo, y mi voz se extinguió en el tapiz de aquel bar tan neutro. "Ah macho, me ha gustado este sitio ¿eh? Que es todo un viaje" reíase una española junto a mí en la barra. El mesero apurado sólo le seguía el juego a modo mecánico. "Vengo de ver una escena en San Fernando, pero qué maravilla ha sido ¿eh? Un espectáculo de luces que te cagas". Es raro, ni la mujer ésa ni cualquier otra me parecen desde un tiempo para acá en absoluto interesante. Yo debería estar tendido en el patio de mi casa soportando el frío con un tequila en la mano, no en un bar tan neutro rodeado de nadies y viendo la pantalla de videos para demostrarme a mí mismo, otra vez, cuánto me aburre Radiohead. Ale, viejo ¿me das otra Bohemia oscura por favor? Y que les den por el culo.
Luego al DDR donde me abordó un niño de 14 años parlanchín y rollero tratando de ser mi best friend. -Tienes que descansar antes de meter la otra ficha, no, no te voy a dejar, a ver tu aliento, eeeh!! Has tomado ¿verdad?-. Pff ¿quién se ha creído? Todavía tuvo la desfachatez de lanzarme una ligera patada en la espalda. Va, mi última ficha y me largo. No hubo caso, el niño me siguió por toda la calle haciéndome las preguntas más insulsas (algo recuerdo que venía platicando del sabor de los quesos). No me dejó entrar a otro bar, tuve que ir a una cafetería por una soda italiana, a insistencia del nuevo fan.
Me acompañó hasta su casa (¿?) yo ya más desesperado que molesto.

-¿A qué edad perdiste la virginidad? 
-a los 18 
-¡uy ¿tantos?! ¿Cuál escritor modernista es tu favorito? 
-Pff, no sé.. Tablada. 
-Aaah no lo conozco.. el mío es Pablo Neruda. 
-Ése no es modernista. Los autores modernistas son a principios del siglo XX. 
-Ah yo digo modernistas de los más nuevos. ¿Y tienes novia? ¿O te gustan los hombres? 
(Miren nomás a este cáemebien). -No, no me gustan los hombres, y no, no tengo novia. 
-Aah, yo tengo una amiga que quiere andar con alguien para darle celos a su exnovio, si quieres te la presento. 
-Sí, sí quiero. (algo bueno tuvo que salir ¿su amiga tendrá 14 años también?) 
-Bueno, pásame tu correo y conéctate el lunes como a eso de las 4. 
-Sí, whatever. Adiós.

A los Lobos por mi última cerveza. 2 hamburguesas por $20. El viento andaba grosero, las nubes volaban bajo. Me urge terminar la lectura del jueves para comenzar de una vez con la del lunes. No había luz en toda la calle.
Volví a casa.



Día que sea.
Bien, no pude seguir la crónica, y alguien en específico sabe por qué. No son detalles que gustan publicarse.
Bástase decir la desfachatez de insultar, agredir, tocar a la fuerza, y luego pedir dinero prestado.
Bah, lo perdono todo -Lain lo vale. Lain vale eso y mucho más-.
En resumen, el Cervantino estuvo bien. Sólo vi lo barato y gratuito, en pos de mi bolsillo y mi escuela, mi diabólica escuela que demanda la comprensión de lecturas incomprensibles.
Termina el Cervantino, sobreviví al alcohol en lo que cabe. Cerré con un antro tan aburrido como son todos los antros punchis-punchis, donde el acontecimiento más interesante, además del cumpleaños de mi hermana, fue la mujer desconocida que llegó y así nomás me regaló un condón.
Ya, se lo agradezco. No sé de qué tenga yo la cara, pero una cosa de ésas vienen bien y jamás sobran.

domingo, 27 de setembro de 2009

¿Por qué los hombres aman a las Gamers?

Pregunta: ¿Por qué los hombres aman a las Gamers?
Respuesta: Porque tener una novia que sobreviva a una invasión zombie, no tiene precio.


Sí, pues bueno. A ustedes, hembras, les gustan sensibles, nalgones, afines a la música, de buen empleo, detallistas, caballerosos, puntuales, arreglados, higiénicos, divertidos, inteligentes, sobrios, ambiciosos, espontáneos, deportistas, considerados, elocuentes, formales, fuertes, amables, hogareños, fieles, con buen sentido de la moda sin dejar de ser por ello varoniles, que sean buenos escuchando y que además, de algún modo -todavía no sé cómo p*nches cómo-, les lean la mente cuando las hormonas las invadan y mágicamente les digan exactamente lo que quieren escuchar.

Pues bien, mucha suerte con eso. Yo les aplaudo esa visión de prospecto tan muy suya y tan no conformista del hombre ideal. Ciertamente estamos hablando de un varón muy interesante y, digamos... un poquito imposible, por no decir homosexual, o ya comprometido con alguna otra chica más afortunada que tú (porque naturalmente ninguna amiga, por más amiga tuya que sea, va a presentarte en charola de plata a un hombre soltero así).

Claro que hay que considerar que este amigo, además del super cuero que sería y de su talento natural para tocar la guitarra debe para poder hacer válidos todos estos indispensables atributos estar incondicionalmente interesado solamente en ti.

Sí, sí. Digo incondicionalmente porque parece ser que a ustedes luego de imaginar esto no les pasa por la mente que para atraer a semejante muchacho (quien repito, es muy difícil que alguien así sea heterosexual), ustedes deben ser igualmente tan maravillosas y apetecibles como él. Y es aquí cuando entra en juego la técnica de la mujer bella y delicada (por no decir la güera estupidona) que supone que para estar al lado de este Mauriciofernando hay que adoptar un papel de trofeo subprotagónico para vanagloriar el ego del camarada. Y es que ¿a qué hombre no le gusta traer de la mano a un objeto dedicado a levantarle el autoestima por ser el afortunado en llevar al antro al juguete sexual más llamativo de todos? Sí, suena bastante lógico.

Y así entonces, ustedes, esclaves del glamour sacrifican a su persona para echar mano de productos industriales para el cabello, vestidos brillantes, maquillaje infrahumano y zapatos poco funcionales, en un circense intento por vencer al resto de las competidoras y ser finalmente el valioso trofeo V.I.P. de ese gran partido. Felicidades chicas, seguro que su improbable Danielfrancisco sabrá reconocer y apreciar todas esas virtudes que hacen de ustedes las mujeres únicas y especiales que todos los hombres valoramos.


Pues a propósito de todo esto, yo les voy a decir un gran secreto. Una verdad que inclusive muchos aclamados varones no han advertido todavía y que tiene mucha mejor lógica si lo revisamos bien a fondo. Mientras que ustedes mujeres esperan sentadas a este galán macho-femenino improbable (¿ya había dicho improbable?) del millón de dólares, nosotros hombres, despreocupados y prácticos como siempre somos, y a diferencia de su inacabable lista de "must have"s solamente pedimos un pequeñísimo y sencillo detalle: Que sean gamers.

Sí, tal como eso: Gamers. mujeres que tienen idea de la tecnología, coordinan la mente con el cuerpo y son letales a la hora de ejecutar cualquier comando. Si lo piensan bien, una Girl Gamer es garantía infalible de la mujer idónea; lo es inclusive para aquellos hombres que no juegan videojuegos como su naturaleza de macho finisecular se los impera.

Con gusto les explico por qué. Verán, una Girl Gamer como tal (esto es, que sienta una especial degustación por los videojuegos) tiene características que nos dejan a los varones con el ojo cuadrado más de lo que nos deja su habilidad para almacenar baratijas en una bolsa. Para ser una Girl Gamer hay que tener una concentración mental y física que no se encuentra en cualquier chica. Para ser Girl Gamer hay que vencer el remarcado prejuicio de que las mujeres no saben jugar videojuegos y borrar de la cabeza ese irritante "estoy gorda" con el que todas las mujeres cargan y nefastean; muchas chavas erróneamente piensan que por jugar videojuegos son menos femeninas y deben ser retiradas de todo círculo. La idea es sobradamente errónea, la Gamer lo sabe y rápidamente lo supera.



Nada habla mejor de una mujer que sus ganas intrínsecas por vencer en un juego o su capacidad para memorizar una secuencia de botones; una mujer jugando videojuegos me revela a mí muchos detalles de su personalidad así como su habiliidad para convivir y entender el mundo masculino (el equivalente a su ridícula demanda de que nosotros entendamos lo que se siente tener cólicos. A diferencia de las Girl Gamers, tales hombres no existen).

Que una mujer diga "yo soy mejor que tú en el Halo" es como si dijera "yo tengo más potencia sexual que tú" pero sin ser ofensiva en absoluto. Y si realmente ella te parte la madre en el Halo, es un tremendo "soy demasiada mujer para ti" y ciertamente lo es, no puede discutirse (-güey, esa chica me ganó en el Halo; voy a pedirle que sea mi esposa-).

La Girl Gamer tiene siempre una carga positiva muy especial, una vibra cálida propia de una mujer que es segura de sí misma, que tiene deseos de aprender, de enfrentar, y que sabe adaptarse a los obstáculos que se le presenten, por más masculinos que éstos sean. Una mujer que comprenda lo que se le está pidiendo en determinada misión es como para ustedes un hombre que a primera mano pueda sacar del perchero el pantalón de su talla exacta y que además, combine con sus zapatos fiuscha carmesí.



Mis semejantes han de coincidir conmigo en que pocos fetiches son más sexys que una mujer con un control de X-box en la mano. Escuchamos algo en ellas que dice "yo estoy dispuesta a darte una buena batalla" y eso prende machín. Ella se revela ante nosotros con esa fuerza de mujer moderna y habilidosa que viene a ponernos a prueba, pero al mismo tiempo, viene a convivir con nosotros en sana paz. Con los amigos claro que existe la competencia pero se trata más de un combate de habilidad contra habilidad que sirve para pasar el buen rato. Jugar contra una Girl Gamer sin embargo es un evento muy diferente; se produce con ella un nexo intuitivo que raya entre la intimidad y el orgullo y que, ciertamente, puede llegar a ser muy erótico.

Si la chica pierde, no hay ningún problema, se comprende; lo que se hace simplemente es, le das algún tip, la niña te escucha y entonces así como si nada lo intenta de nuevo. ¿Qué otra evidencia necesitas para saber que la chica, además de ser atenta y paciente, también es emprendedora? ¿Qué más necesitas de su parte para que una relación con ella funcione?:

-Dispara cuando la mira esté roja-
-ok, ¿a cuáles les disparo?-
-a los que traigan el nombre rojo-
-ah ok... uf me mataron otra vez, pero ahí voy por él-

Es mucho más admirable y habla mejor de la chica que un:

-Dispárale a ésos-
-¿a cuáles?-
-a los de rojo-
-¿con cuál les disparo?-
-con el B-
-¿el B? ¿cuál es el B?-
-el botón azul-
-¿cuál es el azul?-
-pues el azul-
-¿cuál azul?-

Por mejor vestida que venga la morra, esta actitud tan asustadiza indica en el acto que la chica es insegura y no es capaz de estudiar ni lo que tiene entre las manos.


Imaginen nada más esta escena:
Una tarde, la chica te llama y te dice "¿Qué te parece si vamos a Blockbuster, rentamos un Guitar Hero y jugamos aquí en mi casa?". Con mucho gusto. Pasas al Oxxo por algunas chelas, llegas a su casa por ella, van por el juego, de paso se llevan también alguna movie, y pasan la tarde solos platicando, bebiendo y disfrutando sanamente de un buen juego en su cuarto. Si la ocasión se presta se puede cerrar la noche con sexo y ya, nos vemos mañana, que descanses. Una velada así es muchísimo más cómoda que "Todavía no estoy lista. No sé qué ponerme. ¿A dónde vamos? Me da igual. Ay no, ahí no. Se me olvidó la credencial. Voy al baño. Me duele la cabeza. Ya vámonos. ¿Por qué te le quedas viendo a esa chava?".


Todos, incluso los que no jueguen videojuegos, saben lo frustrante que es esto. Una Girl Gamer por el contrario, siempre preferirá una sala tranquila, fachas cómodas, música ligera y olvidándose de todo glamour tedioso y pretencioso, se dedicará simplemente a disfrutar de la convivencia, y a dar un aire de despreocupación, control y pasividad. Inspiran una armonía con quiénes son que nos transmiten en el acto. Son la encarnación de una actitud natural y cómoda que no pretende impresionar a nadie.


Poco puedes desconfiar de una chica gamer. El click es inmediato. Ellas por lo general son independientes, críticas, abiertas, divertidas, positivas, inteligentes, creativas, transigentes y hábiles, por evocar sólo algunas sutilezas que las conforman. Poco interesa realmente si trae el cabello perfumado o si su rimel combina con los aretes, y con ese desprecio de frivolidades ella se ahorra el problema de las máscaras, y nosotros el de la galantería. Lo que realmente pedimos es que la chica tenga interacción con su cerebro y que mande al diablo todas las demandas sociales así como hemos mandado al diablo nosotros la importancia de un conjunto de ropa. La minórica y simpática Girl Gamer vive entre círculos de amistad muy cerrados donde no puede platicar con ninguna de sus amigas sobre el hecho de que Link le parece muy guapo, o que Némesis le da metido buenos sustos, porque o la ignoran, o la terminan valorando menos.


El hombre intuye esa situación tan excluyente por la que se pasa para ser Gamer y por lo mismo que lo sabe, puede platicar con ella de que sí, ciertamente Link es un personaje guapo y Némesis merece respeto. Y entonces el nexo entre ella y él se hace mucho más íntimo y más especial todavía que él con sus amigos y que ella con sus amigas. Un chico sabe que una Gamer es una especie en peligro de extinción, y por tanto la apreciará como tal.


Entonces ¿exactamente en qué radica esa peculiaridad de las gamers? Me atrevo a decir que la Girl Gamer está mucho más preparada para convivir en una relación que la chica promedio desconocedora del GTA y ajena a los MMO, por lo que resulta mucho más atractiva que un bonito vestido con el que no podemos discutir sobre la salida de un nuevo juego sin decepcionarnos.

Y es que en general, una buena Girl Gamer está bien enfocada en sus ideas, tiene una sobresaliente agilidad mental, se siente bien consigo misma y no se cierra a nuevas ideas o nuevos retos, porque tiene ese don de aprender rápido. A la chica gamer le gusta convivir, se intriga con las buenas historias, no se vence por los errores ni se traga los prejuicios sociales; está siempre motivada y la aborda un espíritu competitivo basado más en la superación personal que en la humillación sobre el otro. Una Girl Gamer -que por lo general también escucha buena música- envuelve todas las características importantes en un solo paquete: es energética, atenta, disciplinada, lógica, astuta, emprendedora y muy pasional. Una chica con esas cualidades tanto mentales como actitudinales, junto con esa audacia innata para aprender de sus errores y tener la disposición para enfrentar los retos es lo que a los hombres nos satisface, seamos o no seamos unos Joséfederico, juguemos o no juguemos videojuegos.









Y es que, vamos chicas. La vida aquí se trata de pasársela bien más que de verse bien.