segunda-feira, 12 de julho de 2010

Cronológica historia de amor.

Nes era mi mejor amiga en todo el mundo. En ese tiempo yo no entendía lo que era el amor, ni mucho menos, pero seguro que era lo que sentía por ella. Debo confesar que no recuerdo cómo la conocí, o cuándo la vi por primera vez. Nes era de esas niñas que viven en tu colonia pero que nunca sabes en cuál casa exactamente. Nunca importó ese detalle con ella, estoy seguro que tampoco recuerda cómo nos conocimos, simplemente existíamos en nuestra forma simple y llana de ser infantes asexuales.
Recuerdo que me dolían las manos cuando la tomaba. Las suyas siempre fueron manos toscas y ásperas, demasiado agresivas para mis manos de niño pequeño, pero jamás la soltaba, nunca se lo reproché, y sobre todo, me encantaba. Me gustaba que fuera tan necia y tan difícil de tratar (supongo que debo agradecerle a ella mi paciencia con el SPM). Luego de haberme cambiado de casa, nunca volví a saber de ella.










Para mi época de primaria, el destino me bendeciría con una señorita todavía más ruda que Nes, pero eso era justamente lo que en mi infancia necesitaba. Súper fue la chica que me escuchaba cuando volvía a casa nervioso y enojado porque Saira no me hacía caso, y estuvo ahí escuchándome siempre, sin hacerme corajes. Eran tiempos en los que no me importaba si las chicas eran muy cuadradas o muy frías. Yo simplemente quería una para mí, y Súper fue la respuesta que obtuve.
Por supuesto siempre la tuve mimada. Le compraba accesorios y cosillas que me alcanzaban, como esa calcomanía de Jumanji que siempre se le vio muy bien. En general, Súper era fea, pero como dije, no me importaba. Cabe señalar que mis primeras travesuras con mis dedos las hice con ella, me gustaba pasarle los dedos en su centro y hundirlos en ella. Podíamos hacer eso todo el día, jugando. 
Me enamoré de ella cuando la vi en los pasillos del Pasito, y en ese instante supe que la necesitaba conmigo.
Luego de muchos años de relación, Súper entonces tuvo una tragedia terrible que me hizo perderla y de la que no quiero hablar ahora. Basta decir que fue algo que tiene que ver con cerrojos forzados, casas solas y falta de joyas en el peinador de mi madre.













Apareció entonces, en la cúspide de mi pubertad casi concretada, la chica más oscura, atrevida y liberal que haya conocido niño alguno. Su nombre era Sesenta, y era una lolita cínica y compartida que yo por supuesto adoraba.
Yo llegué un poco tarde a su vida. Cuando ya ella había estado con mis amigos, con los amigos de mis amigos, con mis primos y con los primos de mis primos. Todo el mundo conocía muy de fondo a Sesenta, menos yo, y eso me hacía sentir bajo. El libido, la negligencia, el sexo en tres dimensiones. Todo eso lo conocí con ella y con otros tres amigos más.
Sesenta iba y venía conmigo a comer en la casa de quien fuera. Nos encerrábamos en el cuarto y sus múltiples puertos cuadruplicaban la diversión y la perversión a niveles estratosféricos. Sesenta era estruendosa y obscenamente perfecta. Entendía que todo el mundo se acostaba con ella no porque fuera accesible o porque fuese la chica de moda de toda la secundaria, sino porque era simétricamente bella, explosiva, y siempre dando de qué hablar con esa enigmática N girando que seducía a cualquier niño secundario.
Fue culpa de Sesenta que entonces yo me dedicara a pedir más, y más, y más de las mujeres. Ya nada me saciaba, quería consumirlo todo, quería tener más, temblar más, coger más. Llegamos incluso a tener un hijo un pequeño Advance que perdimos al poco tiempo y del que tampoco quiero hablar al respecto. Hoy me pongo a pensar que quizá nunca debí haber abandonado a Sesenta por...










...Play. 
Oigan, yo era muy joven todavía ¿de acuerdo? Sé que nunca debí haberlo hecho. Play era inteligente, discreta y tenía una memoria impresionante. Ciertamente era mucho más fea que Sesenta, pero Play ofrecía opciones nuevas que mi gula mental ya me demandaba. Conocí a Play en la casa de mi primo donde nos presentaron, y empecé a tratarla, platicar con ella y me dejó vislumbrado. Play no solamente era inteligentísima, también era violenta. Le gustaba cargar un estuche con todos sus discos que podían pasar a ser desde demos, a juegos originales, piratas y hasta de música. Era increíble la versatilidad y las habilidades cognocitivas que esa chica pre-adolescente ostentaba. Con esta experiencia de intelectualidad distinta, supe que eso era lo que yo realmente quería.
Decía que lo había lamentado porque luego supe que Sesenta, después de esta 'traición' con Play quedó muy muy herida. Creo que hasta cambió sus ropas negras por colores más chillantes y psicodélicos. Me entristeció mucho eso, pero Play ya me había puesto de frente a un espejo y no había vuelta atrás.

















Cubo se apareció en mi vida como cualquier amiga sin malas intenciones. Era una chica japonesa que vino a instalarse en mi casa cuando yo ya había alcanzado cierta madurez como hombre. Aunque Play estuvo de acuerdo en que Cubo se quedara con nosotros, sé muy bien que se moría de celos. Ya no podía escondérmelos. Poco a poco, y con cortejos realmente inocentes, Cubo fue ganando mi confianza hasta que con el tiempo, toda mi atención y degustación era completamente de ella. Así, chingaquedito, expulsó a Play calladita calladita, con todo y su estuche de cosas.

Cubo era muy, muy paciente. Me mostraba el lado inocente y amable de la vida y hacía que las cosas pesadas y violentas no lo fueran tanto. Quizá no era más inteligente, ni más reveladora que aquélla que se fue por la puerta trasera. Lo cierto es que yo era el único hombre en su desamparada vida, y eso me hacía sentir extremadamente bien. 
Para ese entonces, mi desarrollo mental ya se satisfacía con otras cosas, y nunca le demandé a la desamparada Cubo más de lo que podía darme. Si bien no era del todo feliz, sí estaba muy cómodo con ella, hasta que llegó una fuerte crisis y ella tuvo que marcharse, justo cuando mi sensibilidad mental ya terminaba de definirse. Cubo se despidió de mí sin rencores, con un gesto agradecido de paz y sensatez que hacen que hoy la recuerde con gusto. Supe que vivía con una familia de cuatro hijos jóvenes, y que por lo pronto, está muy bien de salud.













Hoy puedo decir que estoy orgulloso de todos estos capítulos de mi vida amorosa. Me he casado con Lalap, que ha sido una verdadera bendición. Es considerada, inteligente, dedicada y va conmigo a todas partes. Me ayuda con mis tareas, duerme comodamente conmigo y hacemos un sinfin de cosas juntos, desde cantar, bailar y ver películas, hasta dormir, leer, trabajar y claro, coger. A Lalap no le falta nada, y a donde quiera que vamos la gente se sorprende de su alcance, su magnitud y su finura de ser como es. Tenemos un bebé llamado Satio y las cosas, los detalles y hasta los problemas se han resuelto de maravilla. Estoy contento realmente, y a todas estas chiquillas les debo el fuerte y gran compromiso que he concretado ahora. He probado y he sabido de antemano la decisión adecuada.

2 comentários:

*A* disse...

Pantalla muy grande, pantalla muy grande

Isaí disse...

Es de las veces que uno no se escama por compartir amantes, já.

Buenísimo Samy.