quarta-feira, 9 de outubro de 2013

El escritor es el asesino



Luego del fiasco que me llevé viendo Read or Die! (2001), perdí la esperanza en que el escritor, como personaje con todos sus clichés y estereotipos, fuera material atractivo para una serie o un ánime. Desde muy joven me di por enterado que los escritores, lejos de la ficción de una novela, no son como tales héroes, ni aventureros, ni tienen agallas; no serían nunca protagonistas de series trepidantes llenas de misterio ni salvarían nunca el día*.

Esta tarde pasé el día viendo The Following (Fox, 2013), una serie que salió a conversación leyendo un libro de Edgar Allan Poe. La serie, protagonizada por James Purefoy, Shawn Ashmore y Kevin Bacon, me dejó replanteándome la idea de que en el aburridísimo oficio de escribir, puede existir algo más intrigante y misterioso que citar a Walt Whitman.

Claro, la novela de misterio es en sí literatura pensada para el suspenso, pero no es literatura misteriosa. Nos reconforta la certeza de que el escritor es un cincuentón asillonado de tacuche y lentes que va a conferencias y bebe mucho. The Following contrapone a este estereotipo dominante con un escritor encantador, psicópata y titiritero al estilo de Hannibal Lecter o Jigsaw. Presuponemos que el escritor de novelas de misterio sabe, en teoría, ejecutar un asesinato, dirigir a sus personajes y sorprender al mundo con pistas nuevas y traiciones y venganzas. Al mismo tiempo sabemos que un escritor es incapaz de agarrar un cuchillo bien afilado.

Viendo al personaje de Purefoy, Joe Carroll, caí en cuenta de que el escritor puede ser trepidante en su vida, no sólo en sus libros. Carroll es un maestro ejemplar de literatura, enamorado de su profesión y buen consejero de adolescentes. En la serie, Joe hace guiños a la obra de Allan Poe en los numerosos asesinatos que lleva a cabo como mente maestra aun estando en prisión. Acaso esta idea ya había sido más o menos explotada por la película The Raven (2012), con un Allan Poe pésimamente interpretado por John Cusack que va un paso detrás de los asesinatos ocurridos en reproducción física de sus historias (plot que también ocurre en Castle (abc, 2009) serie que de momento prefiero pasar por alto). Este Allan Poe es más un rastreador de pistas que un escritor, o que un Allan Poe en todo caso; el personaje Joe Carroll es una mezcla de The Joker con William Faulkner buscando someter a expertos en criminología usando su conocimiento y el poder literario. Si tal cosa existe, él, cruzado de brazos, logrará demostrarlo con la elocuencia y genialidad que sólo podría tener, justamente, un escritor.

La verdad es poco lo que puedo decir sobre The Following (espero a que se cargue el 4º capítulo mientras escribo esto), pero sí es mucha la percepción que, aunque absolutamente ficcional y manipulada, me deja deseando sobre el oficio de ser escritor, lejos de la tediosa Academia y los pesados libros jamás leídos. 
Pensando en la personalidad ideal para un escritor, me vino a la mente de inmediato Californication (Showtime, 2007), serie que tallo en piedra en mi Top-5 y que muestra a un escritor viviendo el absoluto sueño americano junto con su simpatiquísimo mánager. En Californication el éxito como escritor es desbordante mientras que el código moral desciende hasta llegar a las orgías, las drogas y la violencia. Durante mucho tiempo quería visualizarme siendo ese Hank Moody al que admiraba su serenidad para resolver los problemas y la gracia de sacar un comentario cínico en la peor de las circunstancias. Hank es un anti-héroe mujeriego y alcohólico, un sex symbol entre los de por sí ya idolatrados Best Sellers, es decir, es también un estereotipo, al menos del joven escritor norteamericano.

Joe Carroll y Hank Moody son entonces dos escritores protagonistas de su vida y no de su obra. ¿Es posible para un escritor ser más interesante que sus novelas sin tener que ser huérfano a los siete o sufrir de algún trastorno psicológico? Estoy seguro que no. Cuando faroleo de ser escritor recibo dos tipos de respuestas: 1) "Qué cosa más de hueva", o 2) "Qué padre, yo también quiero escribir ¿qué me recomiendas?". Es decir, nadie visualiza a un asesino serial jugueteando con el FBI a placer, ni a un semental inmune a la heroína como el personaje de Duchovny. Para que un escritor sea protagonista de una historia de misterio, el que sea escritor ayuda poco o nada, como el caso de Misery o The Shinging donde tanto Paul como Jack bien podrían haber sido alfareros y ningún cambio sustancial habría.

Pienso en los universos estáticos del escritor que lo impulsan a crear obras increíbles. Pienso que no es requisito morirse para escribir bien sobre la muerte, pienso en el personaje de Bored to Death (HBO, 2009) y su necesidad de salir a vivir aventuras para poder escribir una novela. Pienso también en lo desinteresante que es el escritor del que no sabemos nada, efecto que no ocurre en otras profesiones como Skater profesional o borracho de alquiler.

The Following presenta así la posibilidad del escritor para ser una mente criminal maestra sólo por el hecho de ser un escritor; así como la posibilidad que podría tener un maestro de química cocinando metanfetamina, o un psiquiatra que encuentra en el canibalismo una filosofía inobjetable.



*Obviaré aquí a escritores de videojuegos como Harry Mason o Alan Wake, por ser también copartícipes de la acción con las agallas del jugador.

Um comentário:

Sonia Ló disse...

especialmente me molestan esas series que dirigen los actos o justifican al protagonista/antagonistas por medio de algo psicologico/antisocial
ni pueden no solo ser loquitos y ya.