No me hubieras dejado esa noche, porque esa misma noche
encontré otro amor. -Café Tacuba.
Esta mañana desperté, vi el reloj, maldije, me pegué a la pared, me hice bolita con la sábana, perdí la consciencia, apagué el despertador, maldije, me levanté de mala gana, llevé las tazas a la cocina, saludé desanimado, tomé leche, revisé la correspondencia, maldije, volví al cuarto, prendí la computadora, abrí el internet, revisé el correo, leí delcaraciones de otras personas en otros tiempos, maldije, envié un correo, jugué Matrix Online, hice dos misiones, cerré Matrix Online, chateé, vi la hora, maldije, apagué la computadora, me rasuré, me lavé el cabello, agarré la mochila, agarré cambio del peinador, tomé los audífonos, me despedí desanimado, salí de casa, me puse los audífonos, agarré camino, escuché Wonderwall, escuché Duvet en versión acústica, llegué a Banamex, tomé un ticket, me senté, jugué sudoku en nivel medium, retiré $100, salí de Banamex, caminé más, llegué a Santander, hice fila, escuché Boulevard of Broken Dreams, deposité $100, salí de Santander, caminé, escuché Ten Miedo de mí, escuché Linger, llegué a Filosofía, saludé, caminé a Bellas Artes, entré a la cafetería, me senté en la barra, pedí un café en leche, contesté alegre un saludo, me cambié de lugar en la barra, platiqué, recibí mi café, pagué mi café, platiqué, respondí la despedida, terminé mi café, agradecí el café, salí de la cafetería, caminé a Filosofía, me senté en el Jardín de Epicuro, maldije, tiré la mochila, guardé silencio, saqué un cuaderno, comencé un poema, saludé, platiqué, tomé una guitarra, improvisé una melodía, dejé la guitarra, continué el poema, platiqué, maldije, guardé mis cosas, alcé la mochila, entré a clase, me senté a la orilla, me mantuve en silencio, saqué el cuaderno, terminé el poema, guardé el cuaderno, salí del salón, fui a la cancha de fútbol, jugué fútbol, me metieron dos goles, maldije, salí de la cancha, entré a clase, escuché al maestro, salí de clase, volví a la cafetería de bellas artes, pedí un Té Arizona, aprecié unas esculturas de la cafetería, salí de la cafetería, jugué Pin-Pon, perdí, maldije, caminé a Filosofía, miré al cielo, me recargué en un faro, volví a ver el cielo, contemplé la luna, su eclipse, guardé silencio, contesté el celular, maldije, volví a clase, escuché a la maestra, tomé la mochila, salí de clase, platiqué, volví a clase, leí Borges, salí de clase, saludé, subí al carro, fui a Alsuper, compré una dozena de cervezas, salí de Alsuper, llegué a mi casa, platiqué, jugué billar, bebí, jugué billar mientras platicaba, bebí mientras jugaba billar, jugué billar mientras bebía, platiqué mientras bebía, respondí el despido, agradecí el tiempo, cerré la casa con llave, jugué billar mientras escuchaba Red Hot Chili Peppers, jugué billar mientras escuchaba Héroes del Silencio, jugué billar mientras escuchaba Three Days Grace, tiré la basura, recibí un mensaje, contesté el mensaje, fui a la cocina, maldije, comí, volví a mi cuarto, prendí la computadora, abrí Winamp, chateé, me hice un café, respondí un correo, revisé foros, posteé flogs, posteé blogs, jugué Enter the Matrix, le gané a Seraph, cerré el juego, capturé el poema de la escuela, vi pornografía, me toqué un poco, apagué la computadora, hablé con Umbra, la besé, la coloqué en su lugar, me desvestí, me acosté en la cama, cerré los ojos, guardé silencio, abrí los ojos, miré a la pared, vi el espejo, maldije, me levanté desganado, me dirigí al espejo, quité el Te Amo del espejo, volví a la cama, cerré los ojos, dormí deseando que las cosas fueran distintas, y maldije.
quinta-feira, 14 de fevereiro de 2008
I
-¡¿A las tres de la mañana?! ¡¿Qué estás pinche loco?!- Gruñó mi mujer después de ver la hora. -Te va a dar una pulmonía, acuéstate a dormir y no digas más pendejadas-. Entonces no pude más que soltar un suspiro triste, en el vientre no traía para más. Me sentía como observándola desde un precipicio, o un lugar parecido a ése al que quería llevarla. Sin embargo, el reloj, extraordinariamente imponente, se ganó toda la lógica. -No puedo dormir, tengo frío- -Echa otra cobija y no me fastidies-. Concluyó ella dándome la espalda en la cama; y yo de pie al otro extremo, guardando ese silencio que me había pedido, deseaba con toda mi fuerza desbaratar cualquier reloj que se me pusiera al frente. Pero no tenía por qué enojarme con los relojes, ellos no eran culpables de que mi mujer ignorara la razón por la que quería yo irme al mirador un momento. Y tal vez era mejor que no la supiera.
El mirador de la ciudad; un paraje en la montaña antes de llegar a la caseta abandonada de radio que corona a la montaña. La vista desde aquel lugar era magnífica. Antes de casarme, acostumbraba tanto irme allí por la madrugada y ver cómo las estrellas caminaban como arañas por la noche, o cómo el Hotel Central era el primer edificio en recibir los rayos del sol por la mañana. En ese mirador el ruido no existía. Ni las puertas cerradas, ni los malos gestos. Me era imposible quedarme en la cama llena de frío y tan extremadamente pegada al suelo.
Tomé mis llaves, pasé al cuarto de la bebé para darle un beso, y salí de mi casa.
II Con sólo pensar lo remoto que sería toparme con una persona tan insípida (como quien resuelve el frío con cualquier cobija) en un lugar como ése me reanimaba. Me sentía como dándole la espalda, sin excepción, a todo el mundo. Igual me hubiera dado encontrar allá arriba una alcachofa o una silla vieja siempre que se evitara cualquier aseveración de lo que es [a su irrefutable juicio] lo verdadero. ¿Quién en el mundo podría describir semejante cosa? Y mientras me embotaba en pensamientos al azar propios de los filósofos (abogados a sus leyes y locos a su locura), apresuré el paso. No podía dejar que las voces de mi mujer supieran a dónde iba, y me alcanzaran allí.
Finalmente, y con poco esfuerzo, llegué hasta el mirador, y antes de poder soltar cualquier idea, vislumbré a la orilla del paraje a una pequeña niña viendo desde el borde a la ciudad dormida. Su tez albina, carente de tonos cualesquiera, reflejaba la luz de la luna; y su cabello largo como la distancia de su cabeza al suelo reflejaba a su vez la luz de las sombras. Cuando sintió mi presencia volteó a verme. Permaneció sin moverse un tiempo. Yo noté que la niña, en aquella quietud, no reflejaba ningún susto, ningún gesto, ningún nada. Y aunque todo me llevara a pensarlo, estaba seguro que no era aquello un fantasma, ni un disparate producto de mi alucinación, sino que se trataba absolutamente de una verdadera niña con piel blanquísima sola en un mirador a las tres de la mañana.
-¿Está usted perdido, señor?- me preguntó -Lo estoy- contesté yo. -¡Vaya!- exclamó con sarcasmo -¿y ahora va usted a decirme que esperaba encontrar aquí arriba algún camino...?-
III -Lo que sea que me encontrara- le dije -no iba a ser una mujer en cama gritándome "estás bien pinche loco" como si la locura fuese la situación de quien se ha quedado en un limbo de sí.- La niña pareció entenderme, cosa que me dio algo de miedo al principio.
-Yo no he gritado tal cosa- dijo a voz media -y si así lo hiciera ¿pasaría usted a estar loco por sólo decirlo?-. Me era imposible dejar de ver el color de su piel; sus manos apoyadas en el barandal parecían estar hechas de leche y sus ojos los parecía haber perdido. -Le diré, yo no creo en los que están sanos- prosiguió ella dejando de verme para voltear a ver la luna -no concibo a alguien que cree tener la certeza para describir qué está retorcido y qué no lo está; ¿cómo se describe a alguien que ha escapado de cualquier razón?...-
Guardamos silencio, sentíamos conocernos desde hace mucho. -Y bien, ¿Quién ha tenido la pretensión de llamarlo a usted loco?- No pude más que sonreír, me sentía a gusto entrando en su juego, aun cuando yo no tuviera ese color de piel, o las cuencas vacías. -Fue mi esposa. Es tan extraño que hayamos logrado tener a una hija ella y yo. A veces, cuando estaba mi mujer embarazada, creía que la bebé iba a nacer deforme- callé en cuanto acabé esa sentencia; lo que acababa de decir no tenía ninguna cabida- -Mi bebé es como tú- le dije como queriendo olvidar el último comentario -no distingue locos, ni personas, ni realidades. Solamente existe y ya. En esa simple existencia se encanta y digiere del mundo todo lo que de él capta- -ya veo. Entonces sí que es como yo- exclamó bajo una sonrisa, y luego de un breve silencio, declaró -Discúlpeme el atrevimiento al decir esto, señor, pero yo creo que su esposa no existe; al menos no como existe su hija que para usted está más presente que esa ciudad entera a la que vemos abajo.- La niña volteóme a ver, y tras avanzar unos pasos hacia mí, preguntó con inocencia -¿lo que su mujer quiso decir con eso era que usted estaba mal de la cabeza?-
Fue cuando esbocé la sonrisa más sincera que jamás me había brotado desde hace mucho, mucho tiempo.
-¿Yo mal de la cabeza? ¡Hah! Si fue eso lo que intentó decirme, entonces no pudo haber estado más equivocada- le dije mientras me hincaba. -Al menos en esta noche, me encuentro perfectamente sano-.
quinta-feira, 7 de fevereiro de 2008
De cuando en cuando tengo la costumbre de pensar en mí y me detengo -por un instante- a creer que en ese momento sólo yo y nadie más que yo está pensando en mí.
Y si fuese así, entonces lo que hago, lo que quiero, y lo que existo carecería de toda trascendencia, de toda creación; y no sería para nadie una persona concebible.
Y entonces si dejara de pensar en mí justocuando nadie me recuerda no existiría: ni mi vida, ni mi muerte, ni mis sonrisas, ni mis logros.
No sería nadie para nadie si no se me pensara. Estaría como inexistido [como esfumado].
...Tal vez sea por esto que pensar en una persona es muy parecido a salvarle la vida.
Una vez a una amiga la llevaron a su casa la llevaron regañada, dijo.
Luego, como tácita [distante] me dijo que le habían devuelto el dinero que tan triste y despojada de su nombre así no sirve una ..............................oeso dicen.
Afortunadamente para ella la fe ésa la de su mano va y viene, va y viene. Y digo afortunadamente porque habemos algunos que ni los ojos nos regresan; entonces ..... es mejor así que vayan y vengan para que ni la fe, ni la vista se las quede alguien.
Yo no creo que cuando me lleven a mi casa me devuelvan el respeto o siquiera....... las mismas ganas ................................con las que salí de ella.
Llevo viviendo en Las Granjas por casi ya 6 años. Durante este tiempo me he dado cuenta que esta colonia en particular está plagada de pordioseros, talleres mecánicos, abarrotes (o taniches, pal Toto), y de la enfermedad de las vacas locas; afortunadamente para muchos no hay vacas en cincuenta kilómetros a la redonda, pero la enfermedad les juro que aquí está.
En fin, una tarde estaba yo viendo la televisión en casa, cuando tocaron la puerta. Nunca contesto el teléfono ni abro la puerta de mi casa, pero mi padre me mandó abrir, ya que no había nadie más. Se trataba de una mujer, una mujer jodidísima. Gorda, con dientes de caballo, cabello descompuesto y ropa gastada.
Cuando le hice ademán de ¿qué se le ofrece? (lo cuál obviamente ya suponía, pero hay que seguir el protocolo), la mujer sonrió de modo avergonzado. La sonrisa más fea y más introvertida que haya yo visto. Entonces balbuceó: "ej que... ej que yo..... ej que......... ej que no cuedo.... no.. cuedo...... ej que yo .......... no cuedo ......... no cuedo...". Subía y bajaba la mano por su rostro como diciendo (o como yo entendiendo) que tenía parálisis en la cara, sin dejar de sonreír, o mejor dicho, de estirar los labios de izquierda a derecha. "No le entiendo, señora" dije amenazando con cerrar la puerta si no me demostraba que darle mi tiempo era más importante que ver Mythbusters.
"Ej que mi ejpo.... mi ejpojo..... ej que..... no cuedo ......... mi ejpojo...... ej mi ejpojo....." Entonces me tendió un papel que traía consigo. Lo tomé dando por hecho que se trataba de los clásicos discúlpeme, soy sordomudo, por favor ayúdeme con una cooperación y que dios lo bendigahoy y siempre. Para mi sorpresa, el papel no decía eso; se trataba de la copia de la copia de una copia de un documento de por sí ilegible. "Ej mi... ejpojo" repetía la señora apuntando al papel. Le di unos vistazos al azar, alcancé a ver el nombre de un sujeto, una suma de dinero desglosada, y las palabras fúnebere, funerarios, y funeral distribuidas por el documento. La mujer me seguía mostrando sus inmensos dientes con un rostro de vergüenza que usualmente ponen los niños cuando están frente a un montón de adultos esperando alguna gracia o canción.
Viendo pues la situación, diseñé en mi cabeza las suposiciones más cercanas de lo que estaba en realidad pasando, y mis conclusiones posibles fueron las siguientes:
1.- La mujer mató a su esposo (o ejpojo, en este caso) y quería que los vecinos la ayudáramos a ocultar el crimen. 2.-La mujer junto con su ejpojo, quería abrir una funeraria pero el gobierno se lo impedía, entonces buscaban levantar firmas entre los vecinos para que se les permitiera. 3.-La mujer me pedía que le leyera lo que decía en el papel, lo cual no habría podido hacer dada la calidad en la impresión del mismo. 4.-Su marido había muerto, y al no poder hablar, se le ocurrió, para informarnos a todos de su cruel pérdida, mostrarnos la factura del funeral (la cual tenía perfectamente cubierta). 5.-La mujer hizo los cálculos de cuánto le costaría matar a su esposo, y quería que le dijera yo si las cuentas estaban correctas. 6.-Había ella olvidado cómo se llamaba su esposo quien murió hace 35 años, y el único documento donde tenía su nombre era la factura del funeral. Pero como no sabía leer, quería que le dijera cómo se llamaba. 7.-Estaba feliz de que su ejpojo hubiera muerto, y quería decirnos cuán contenta estaba, pero tan alegre era que no podía ni hablar por la emoción.
8.-El costo de su operación de parálisis era exactamente el mismo que salió para la cuota fúnebre de su marido. Coincidencia que le impresionaba a tal grado de querer compartirnos a todos su asombro. 9.-Me daba la hoja para sacarle 15 copias más y entonces enviársela a todos mis contactos en menos de 10 horas. Si no lo hacía, me caería la maldición de la gitana embrujada cuyo espíritu marginado vive en las fotocopias y me daría mala suerte durante 100 años y todos mis sueños nunca se cumplirían. Pero si lo hacía bien, a las 5:32 de la tarde la persona que amo llegará a mi vida y seremos por siempre muy felices.
Mientras trataba de seleccionar cuál de mis suposiciones era la correcta, se acercó mi padre y le dio unas cuantas monedas. Jamás habría yo imaginado que era eso lo único que quería. Llevo 6 años viviendo en una colonia echada a perder y todavía no comprendo muchas cosas. Sin embargo me dio gusto haber siquiera imaginado que una señora así de humilde hubiera tenido la ilusión de levantar una funeraria con su familia.
Para cuando volví a la sala, Mythbusters se había acabado.
En el cine: -Disculpe, ¿cuándo le llega Sweeney Todd? - ...... esteeeee... -..la nueva película de Tim Burton -.......... ¿cuál? ¿suini qué? - S-W-E-E-N-E-Y - T-O-D-D -ammm esteeee......... pues no sé, la verdad -...Sale Jhonny Deep -Ah sí! ésa!
En la farmacia: -Buenas tardes, ¿tendrá alguna píldora de color rojo? -...¿píldora de color rojo? -Sí, para lo que sea, no importa; mareo, gripa, agruras. Sólo quiero que sea roja. -Mhj, pues no sé, yo no las veo por dentro. -...claro, [como toda farmacéutica] usted sólo las vende.
En la biblioteca: -Eits! ¿A dónde va joven? -pues... a leer. -Tiene que agarrar un libro primero. -.... traigo lo que quiero leer en la mochila -pues... no puede pasar con mochila.
En Mix-up: -Disculpe, estoy buscando el nuevo disco del Mago de Oz -Claro, aquí tienes. -... éste es el Finisterra -Pues sí, es el nuevo de Mago.
En la escuela: -y luego ¿saben qué, muchachos? En estas preguntas de falso y verdadero, como unos tenían falso y otros verdadero, pues lo puse bien según como lo tenían la mayoría, porque no me acuerdo de las respuestas.
En la librería: -Disculpe, ¿tiene Alicia a través del espejo? -mmm... ¿no te sabes el autor? - Lewis Carroll -Ah, es el que escribió Narnia, ¿no?
En otra librería: -Disculpe ¿no tiene Alicia a través del espejo? -déjame veo..... no, no me aparece en el sistema -... se escribe con s.
En la tienda de ropa -Disculpe, ¿tiene playeras de Opera IX? -¿Opera IX? Mmm... no, no hay -... cómo no. Allí hay una.
Esta tarde me dediqué a reacomodar mis libros en el librero nuevo; y mientras los colocaba en sus respectivos anaqueles (qué fea palabra, no la volveré a usar) pensé en apuntar todas las curiosidades que hay entre mis libros y descubrí lo siguiente:
* Incluyendo La Mascarada, el 4.86% habla de vampiros.
*Compré dos de los libros de Resident Evil a ciegas. Sólo he leído uno de ellos, y a pesar de ser fan de los videojuegos, el libro no me gustó.
*Los 2 comics de The Matrix y el ensayo acerca del Cyberpunk basado en la misma franquicia, los tengo separados en el armario y están excluídos del conteo de mis libros. Para esta entrada sí los estoy incluyendo.
*3 de mis libros necesitan reparación; están deshojados.
*El Perfume y Moby Dick han sido los únicos libros que compré posteriormente de haberlos leído.
*El Lobo Estepario me lo desgarró mi ex-suegra diciendo que por culpa de esas lecturas, el diablo se mete en los jóvenes. Sobra decir que aquella mujer era una cristiana muy, muy ignorante. Recompré el libro a la semana siguiente nada más para burlarme de ella.
*Pese a que todo el mundo me critica por ello, yo no tengo nada en contra de Editores Mexicanos Unidos. El 4.86% de mi biblioteca es de esa editorial.
*Una vez, mi ex-novia me preguntó qué me gustaba leer, le dije que ficción. Para mi cumpleaños, la muy güey me regaló un libro de Ciencia Ficción, el cual tengo en venta.
Después de haberme desvelado jugando al Mario Kart, me acosté rendido en la cama. Rara vez recuerdo lo que sueño, pero éste sí lo recuerdo casi a perfección:
Soñé que estaba viendo una animación hecha en computadora; se trataba de una niña con alas monstruosas y rostro divino. Vestía una túnica de tono rojinegro que arrastraba como vestido de novia. Su gesto en la cara reflejaba odio. Había otra niña idéntica a ella, eran gemelas. Esta otra niña estaba en el cielo acunada en una nube, con rostro un más sereno que el de la primera. Era una niña con una túnica blanca tan larga como la de su gemela. Ambas tenían la firme convicción de destruirse la una a la otra. Una era un angel diabólico, y la otra un diablo angelical, pero exactamente iguales. Sus figuras eran parecidas a las de los EVAs de Evangelion. Supe entonces que yo había hecho esa animación -Ésas son Umbra y Satori- Pensé mientras las veía peleando. Y conforme avanzaba el video, me venía a la cabeza toda la historia del trasfondo. Se me ocurría de repente cómo llegaron a ser así, por qué se odian y quiénes más están involucrados. Todo eso lo venía pensando como si ya estuviera dicho, y a la vez no. De cuando en cuando se atravezaba la escena de un montón de muñequitas corriendo a toda velocidad hacia ellas, con miedo, como si quisieran detener la pelea. De repente, en medio del combate, un resplandor me deja ciego. Cuando abro los ojos me encuentro en la cama de una habitación sin un brazo y con una de las muñecas que aparecían corriendo en el video. Específicamente Umbra.
-Vísteme- me decía ella. Como pude le puse la túnica roja -Vámonos ya, tenemos que ir al castillo- -¿Cuál castillo?- -A donde van a transformarme, me lo prometiste- Entonces caí en cuenta en dónde estaba. Estaba en el cuarto de mi novia, acostado en su cama. En cuando reconocí el cuarto llegó ella y me acobijó, me preguntó si ya me sentía mejor, luego se acostó conmigo y rápidamente se quedó dormida. -Vámonos ya- reiteró la muñeca. Con miedo a que mi suegro me viera hablando con la muñeca y sin saber de qué estaba ella hablando, me levanté de la cama y salí de la casa. Caminé hasta la universidad con la muñeca en brazos y entré al baño para detenerme a pensar qué estaba pasando. Mientras trataba de razonar el sueño, me llegó un mensajito al celular que me despertó.
Estimado cliente, la fecha límite de su pago ha vencido. Le sugerimos realizar su pago de inmediato para evitar la suspensión de su linea.
"Ah qué verga!", pensé. Eran las 11 de la mañana. Total ya levantado y con el cel en la mano, le mandé un mensaje a mi novia para saludarla y agradecerle que me haya cuidado cuando me corté el brazo, je. En cuanto envié el mensaje, me volví a quedar dormido. Mi siguiente sueño ya fue más "normal" (es decir, incoherente). Se trataba de que yo era un soldado de un escuadrón militar cuya misión era sacar el cadáver gigante de un camello fuera del desierto. Y no me desperté hasta que lo conseguimos: las 6 de la tarde que me levanté. Pffff...
Durante un viaje, Chang-Xu se encontró a la orilla del camino una vieja calavera, seca y roída. Con sosiego, el viajero tomó aquel cráneo e hizo una oración para lamentar el fin de todas las cosas. Cuando acabó su reflexión, recostó la calavera en el suelo, y usándola como almohada se echó a dormir. En el sueño, Chang-Xu habló con la calavera y escuchó de ella grandes maravillas; cosas y lugares que la gente jamás se habría atrevido a pensar.
-¿Te gustaría que te dijera lo que es estar muerto?- Preguntó la calavera.
-No- respondió él -Lo sé bien. Alguien muerto tiene su vida a orillas del camino que el hombre transita; el muerto ha caminado tanto que se interna en su gran locura y encuentra la paz de sí mismo. Sólo los muertos están ahí-.
-Los muertos no necesitamos buscar a nadie, ni caminar las vías del vivo-.
-Sé que si pudiera traerte a la vida, te negarías ampliamente, y no estarías equivocado. Esa ponzoña tuya dista mucho de la podredumbre, del cómo te sientes. Las ratas sólo devoraron tu vínculo con la vida-.
-Algunos vivos te buscan, y no dan contigo, Chang-Xu. Nunca te encuentran. Es porque estás muerto. Me hallaste y descansaste en mí porque en el instante en que me viste te supiste también muerto. Has renunciado a las personas como lo hice yo cuando inicié este sueño que tengo-.
-Te he amado, calavera; durante tiempos atrás busqué tu resequedad cuando emprendí mi viaje de vivo. Hoy me aferro a esta muerte tuya porque no nos queda nada más en este mundo-.
En silencio, la calavera asintió, y abrió su corazón para esperar al muchacho en el fin de todas las cosas. El caminante entonces hizo una reverencia y la besó complacido. Cuando despertó de su sueño, Chang-Xu se tendió al otro lado del camino y sonriente y pleno, dejó que las ratas del mundo engulleran su cuerpo.
Ella parece vestida de mí, ajustada por mi vergüenza. Todo el tormento y el dolor gotea y me cubre. Haría lo que fuera por tenerla para mí sólo por tenerla para mí. y ahora no sé qué debo hacer... no sé qué debo hacer cuando ella me hace sentirme triste.
Ella lo es todo para mí, un sueño no solicitado, una canción que nadie canta. La imborrable.
Ella es un mito en el que debo creer. Lo único que necesito para hacerla real es sólo una razón más pero no sé qué debo hacer... no sé que debo hacer cuando me pone triste.
Pero no dejaré que esto crezca en mí No dejaré que crezca en mí...
Un nudo en mi garganta me asfixia, me rompe en pedazos. No lo permitiré, no... No quiero estar así.
No dejaré que esto crezca en mí No dejaré que crezca en mí...
No sé existir en escuelas tan propias de la mente. Apenas me entero que ha nacido la noche, y me río al pensar que siempre ha sido así. Me escapo de la ciudad y me voy al noctum. Cuando doy la espalda, no le encuentro faltas a la luna; no tiene pueblos amargos, desvíos, ni nada desagradable. Es tan inhóspita como perfecta. Cuando estoy de pie, al margen de las vidas, esperando un viento que me acaricie, miro mis ojos y los encuentro rodeados de alegorías inexplicables. Me cuido de no desvanecerme por este fascinante truco, truco de volar con ojos cerrados y no enterarme de aquellas gentes que me exigen paciencia. Yo bebo, es como me mantengo entre la tierra y la apariencia (el aguante, como dice la bary). No soy una mentira, soy una persona que no tiene cómo compartir su medianoche. Apenas si encuentro quién me tolere durante el día, esa persona me desaparece y me orilla más al calor de la luna. Lo peor es no encontrar la manera de decirle que deje toda frivolidad y venga conmigo, a mi medianoche.
Entonces.. Que me quede escrito: Las maniquíes lunares no existen.
Y aquí es donde uno viene a rendirse cuentas. Temer el desarrincono la independenciarlequín palabras que me gustan por cómo se confunden con un lugar que de tanto beberse se vuelve aserrín.
Pero eso sí que nadie me cante nada ni me prometa que no me prometerá porque me subo la playera y a ver quién carajos me encuentra allí.
No es que precise una sentencia de muerte (¿o hace falta que se muera otra persona para enterrarnos las uñas?) Es más bien una hinchazón de no ser el único, el desmuñecado, desprendible y en algunas ocasiones un garabato ajeno, que está obligado a sonreír. Ésa y todos los demás. ¡No voy a compartirte nada! Y así como es incorrecto beber solo también está mal exiliar a base de notedigos a quien se aguanta el frío y lo tiene todo en un lejano sillón junto a una ventana.
. Prométeme tu sangre.......................idónea. he reunido el vaivén de tus caderas. Una luna sin nombre dos cuerpos se devoran..................apartados. Como el dolor que clava la garganta en tu sexo. Corteza fina que descubro al bajar tu falda abajo abajo ya te encuentro. Tomas con tus ojos el vuelo de la flama trozo de mi vida, me haces danzar bestializado como quien te engulle con los propios dientes. Mi embarcación de mil deseos tu nombre como elixir (la vena de mis venas) rompeholas, diurnicida, tragalientos minúsculo separada del mundo en mi cama; me truenas como nube al final de la muerte y me traes de vuelta para empezar de nuevo a penetrarte de nuevo a estar vivo y conocer tus alrededores con tu sangre, con tu extensa lenguaaaaaaa impregnar mi sudor de tus pudores y suspenderme en el tiempo para quedarme contigo en tus ojos..........................................a lo lejos . . . . . . . .
Cuando era niño me gustaba jugar a que sólo podía caminar por donde hubiera sombra; brincaba por toda la calle de sombra en sombra evitando pisar en la luz o si no, perdía.
Jugué así durante mucho tiempo hasta que me di cuenta que debajo de mis plantas también hay sombra.
Debo admitir. Una noche me pareció asombroso; los pasillos tan secos, chupándole las energías a la gente con no sé qué derecho. Mi lámpara era un ojo mal lubricado pero literalmente observador. Yo lo veía todo, lo que se dice todo. Piedras, flores bonitas, flores malas, el hedor entre la niebla de un pueblo figuradamente establecido.
-¡Señor, señor! ¡La tumba 24-F está saqueada!
No recordaba en ese entonces en dónde quería pararme. Me bastaba saberme útil entre los muertos y los vivos, unos me veían como cuenta bancaria de pesadumbres, y otros no tenían idea que eran prisioneros míos (mucho cuidado con que se enteren de eso). Supe de los decesos más desagradables y me aferré a no sentirlos yo cuando los viese a cada uno de frente como castigándome porque yo sí vivía. Poco a poco esos fantasmas desgastaron mi tendencia a sentir la vida; ahora lo apenas entendible en mi cabeza era el polvo que soltaban los muertos fermentados, como practicándome esa necrosíntesis que tienen.
-¡Señor, señor! ¡La tumba 24-F está saqueada!
De lo que sí me acuerdo es del espasmo diario. ¡Cómo lo tengo presente, carajo! Muerto tras muerto cruzando mi ventana, seguido por montones de vivos y tres o cuatro muertos más. Los he visto tantas veces, me han mostrado sus ojos otras tantas, y en ellos veo eso con lo que pretenden espantarte en las iglesias. Ya nada me impresiona porque puedo ver directo a los sepúlvedos miedos de una persona muerta. Debo admitir. Ahora viene este cabrón diciéndome que la tumba 24-F está saqueada.
Reviso los archivos, más viejos (más sabios) que uno. Saira Hazel. 1985 -1999 Objetos de valor: Jarrón de porcelana, lápida mármol con cruz metálica. El año pasado le depositaron 3 crisantemos.
-Es que me da miedo. Cuando se acabe esa canción nos cambiamos- -Okey. Se acaba y ya-
(Qué finura tu nariz, tu cara. Dictan por dónde se llega a cada una de mis muertes donde me encadeno a ratos. Ratos que me besas, ratos que desaparezco ahí en la prisión de tus dientes, tu silueta de perfil, tus ojos atentos)
-Pisa el freno- -¿El de acá?- -No, el otro- -Ah-
(¿Cuánto me podrá soportar esta mujer? ¿Cómo puedo yo, tan sujeto en dos balances, hacer sonreír a esta niña tan cercana a esa luz que siempre rechacé?)
-Suéltalo despacio, todavía no aceleres- -No puedo- -Ya agarraste el camino ¿ves que sí puedes?-
(Tal vez yo no entenderé quiénes somos. Energías contaminándose entre ellas, futuros efectos de viejos amores. No sé; entre todas estas piedras de carne y letras que me contraen, he de tener algo que te guste, algo que no cambiarías por nada jamás)
-¡Hay muchos carros! ¡Le voy a pegar al blanco de ahí!- -No, no les pegas. Frena un poco antes de torcer el volante para que cierres más la curva- -Está muy duro el volante- -Ya sé, ya sé. A ver, te ayudo-
(Saber que existes, perdición colosal, perfección del rostro alunado. Saberte tangible me obliga a sentir pasión por el canibalismo. Tu cuerpo se camina y me sonríe al mismo tiempo)
-No alcanzo a ver si vienen carros- -Acércate más para que veas- -Pasan muy cerquita- -No, sí libras. Mantente en este carril y sigue a ese carro blanco- -¿Por dónde me voy?- -En el semáforo yo te aviso. Hazte más para acá, amor, estás invadiendo el otro carril-
(¿Cuánto tiempo serás capaz de poseer mi inexactitud, mi desvarío a estar tan roto por los siglos de los siglos? ¿Sabrás tentar mis sueños y construir nubes conmigo ahí donde nos ocultamos de los ojos gatunos porque se saben lejos de nuestros mares voladores? Lejos de ti que estás presente en cada centímetro porceláneo de mi propia estructura como vértebra despertando a una serpiente)
-Pon neutral- -¿la N de aquí?- -Sí, la N. El carro se va a hacer para atrás. Ahora sí tuércelo a la izquierda y colócate detrás de la camioneta- -No alcanzo a ver- -Yo te aviso, tú dale. Ya, frena. Gira el volante y dale en reversa-
(Y todavía me arañas la espalda como si no pudiera sentir tus manos. No me alcanza la voz para decirte que de aquí nunca te desvaneces.)
- Gracias ¿Ahora cómo le saco la llave?-
(¿Sabré contener por siempre a esta mujer de besos amuñecados?)
-¡Oye!- -¿Ah? ¿Qué, qué?- -Cómo saco la llave- -Ammh... gírala hacia atrás- -¿Qué estabas pensando?- -En nada, mi amor; no era nada...-
Llevas en cuerpo el paraíso portátil del que surgen mis terribles desvaríos. A veces inconciente, a veces enfermado Las noches se dan cuando beso tu ataúd poseído.
Devoro entre cortinas rasgadas el tono (ese lunanegro), de los colores en tu entrepierna. Pareces un misterio investigado por mi lengua y parezco un espectro protegido en tu trinchera.
No me expulses diosa del altar [moreno], de tus mares inhóspitos; endulzantes. Déjame llenar tu edén de unicornios y seamos leyenda sexual entre todos los amantes.
Seamos.
A veces inconciente, a veces enfermada. Te encantas de mi sangre, y yo bebo bebo de tus lluvias.
Y te llenas de mis ansias te comes mis temores en las noches posesa del conmigo, pequeña poesía de ultratumba.
De fumadores compulsivos, un tono de Do ¿qué voy yo a saber de logica y coherencia? Ese hombre es un ser erradicado que se desprende de paredes mojadas, un poco más grande que dios, sanguijuela parlanchina. Lo he visto, y no es necesario.
Sí, un toque del opio más real del mundo, ese que se entrega al fuego como el gran amante del terror. El que fantasea con fusibles usados -le gusta saberse útil- pero no se quema, no se rompe en la cama del vivo.
Se acuerda de ti, te exhuma los pecados; por eso te bebe, por eso se entera porque es un complejo ventrílocuo de pocas neuronas y sin embargo altamente efectivo.
Es como el viento en mis pulmones, una tarántula que habré olvidado en ese bar de tu beso intrínseco. ¿Beso? Quince centavos la noche y tal vez una sonrisa del tipo Cadaveria. y por mas relámpago que desaten mis homúnculos y sonideros, definitivamente, estoy seguro, no se trata de un dios necesario.
Una noche, después de clase, llegué a casa pensando en la tarea que nos había encargado el maestro de Cuento esa noche:
"platicar con alguien que casi nunca frecuenten hablarle y elaborar un cuento con lo que les hayan contado. Algún vecino, un primo, el que ustedes quieran, pero tienen que sacarle una anécdota y redactarla".
Sin encender las luces me senté en la sala pensando con quién podría platicar de tal modo que me diera material para llevarle la tarea al profesor.
Cansado de no llegar a ninguna conclusión, me levanté por un café, cuando tocaron a la puerta. Era una anciana que había yo visto platicar con mi madre en la cocina comiendo empanadas de vez en cuando. Era de esas mujeres gorditas medio calvas que se tiñen el pelo castaño, huelen a chimenea y siempre llevan falda negra y blusa pistache de flores moradas. La señora preguntó por mi madre. Amablemente, y fingiendo que me podía, le dije que no estaba. Cuando estábamos por despedirnos, la mujer me detiene antes de cerrar la puerta. -Oye, m'ijo. Tú eres el mayor de la maestra lily, ¿verdad?- -Sí, señora- -¿Eres el que está ahí en filosofía?- -Lo soy- -Entonces a ti te gusta todo eso de escribir, ¿verdad?- -Sí, señora. Más o menos de eso es mi carrera- -Ah, es que sabes que tu mamá me platica mucho de ti y dice que te gusta mucho la poesía. Tengo una poesía que escribí hace muchos años, que dice así...
La mujer, algo nerviosa, comenzó a recitar un poema sin dejar de sonreírme. Lo declamaba a velocidad, respirando de párrafo en párrafo, sin titubear en ningún verso. El poema aquél estaba ahogado en lugares comunes, repeticiones constantes e imágenes aburridas, pero la señora brillaba con su magnánima obra y me la ofrecía a corazón abierto. Cuando acabó, no pude más que felicitarla. Me hizo recordar lo que yo escribía a los catorce años, pero jamás, ni por error, los hubiese memorizado y mucho menos declamado a un estudiante de literatura en la puerta de su casa. Después, aún sonriendo, me preguntó: -¿Por qué crees tú que a los artistas como nosotros nos guste hablar las cosas que sentimos tan adentro?-
Al principio no supe si se refería a un nosotros del tipo tú y yo o a un nosotros del tipo yo y los demás; con timidez bajé la cabeza, le dije lo que ella quería escuchar y nada más. Sonrió al verse alentada e inmediatamente comenzó a declamar un segundo poema.
Cuando acabó, se me ocurrió hacerle la propuesta más despiadada que he hecho en mi vida: -Sabe, señora, yo laboro en una revista literaria donde publicamos los textos de las personas. Debería enviarme su poema para ponerlo en esta revista y que todos puedan conocerlo-
Muy animada, aquella muejr me respondió: -¡Ay! Qué bueno, m'ijo, qué bueno. Para que el mundo sepa que Manuelita, la señora de las empanadas, también sabe escribir poesía-
Dos soldados caminaban por el desierto de regreso a su campamento. -¡Perdimos la guerra! Se quejaba uno. -Amigo... -responde el otro- peor fue cuando perdimos la paz.
*La parodia omite algunos pasajes del texto original, supongo yo por cuestiones de tiempo en la caricatura. *La pelea entre el personaje y el cuervo no existe en el texto original.
... -Don't worry Bart. You won't learn anything. It's called The Raven:
Once upon a midnight dreary, while I pondered, weak and weary, Over many a quaint and curious volume of forgotten lore, While I nodded, nearly napping, suddenly there came a tapping, As of some one gently rapping, rapping at my chamber door. "'Tis some visitor," I muttered, "tapping at my chamber door, Only this, and nothing more."
-Are we scared yet? -Bart. He's stablishing mood.
Ah, distinctly I remember it was in the bleak December, And each separate dying ember wrought its ghost upon the floor. Eagerly I wished the morrow; vainly I had sought to borrow, From my books surcease of sorrow, sorrow for the lost Lenore, "Oh, Lenore". For the rare and radiant maiden whom the angels name Lenore, Nameless here for evermore.
And the silken sad uncertain rustling of each purple curtain Thrilled me - filled me with fantastic terrors never felt before; So that now, to still the beating of my heart, I stood repeating, "'Tis some visitor entreating entrance at my chamber door, This it is, and nothing more."
Presently my soul grew stronger; hesitating then no longer, "Sir," said I, "or Madam, truly your forgiveness I implore; But the fact is I was napping, and so gently you came rapping, And so faintly you came tapping, tapping at my chamber door, That I scarce was sure I heard you", here I opened wide the door;
-This better be good.
...Darkness there, and nothing more.
-You know what would been scarier than nothing? -What? -Anything!
Back into the chamber turning, all my soul within me burning, Soon again I heard a tapping somewhat louder than before. "Surely," said I, "surely that is something at my window lattice: Let me see, then, what thereat is, and this mystery explore.
Open here I flung the shutter, when, with many a flirt and flutter, In there stepped a stately raven of the saintly days of yore; Not the least obeisance made he; not a minute stopped or stayed he; But, with mien of lord or lady, perched above my chamber door, Perched upon a bust of Pallas just above my chamber door, Perched, and sat, and nothing more.
"Though thy crest be shorn and shaven, thou," I said, "art sure no craven, ghastly grim and ancient raven wandering from the Nightly shore, Tell me, tell me what thy lordly name is on the Night's Plutonian shore!" Quoth the Raven: -Eat my shorts!
-Bart, stop it! He says "Nevermore." And it's all that ever says. -Okey, okey.
Then methought the air grew denser, perfumed from an unseen censer "Doh!... censer". Swung by Seraphim whose footfalls tinkled on the tufted floor. "Wretch," I cried, "thy God hath lent thee- by these angels he hath sent thee, Respite - respite and nepenthe, from thy memories of Lenore! Quaff, oh! quaff this kind nepenthe and forget this lost Lenore!" Quoth the Raven, "Nevermore."
"Be that word our sign in parting, bird or fiend," I shrieked, upstarting "Get thee back into the tempest and the Night's Plutonian shore! Leave no black plume as a token of that lie thy soul hath spoken! Leave my loneliness unbroken! - quit the bust above my door! Take thy beak from out my heart, and take thy form from off my door!" Quoth the Raven, "Nevermore." "...Take thy beak from out my heart, and take thy form from off my door!" Quoth the Raven, "Nevermore."
You little! Oh, oh...
And the Raven, never flitting, still is sitting, still is sitting On the pallid bust of Pallas just above my chamber door; And his eyes have all the seeming of a demon's that is dreaming, And the lamplight o'er him streaming throws his shadow on the floor; And my soul from out that shadow that lies floating on the floor, Shall be lifted - nevermore!
Definitivamente existe mucha gente de habla hispana que no sabe las reglas (sencillas, por cierto) para saber si una palabra se debe acentuar o no. Y es que se le tiene un miedo exagerado a escuchar de las agudas, las graves, los diptongos, las excepciones, aunque la verdad sea dicha, es muy sencillo aprenderse estas reglas y sobre todo aplicarlas correctamente.
Tal vez estas aversiones se deban, en gran medida, a que los maestros en la escuela presentan estas clases de una manera tan aburrida que terminan haciendo que no nos interesemos y al pasar el tiempo, cuando estos conocimientos se vuelven importantes para el desarrollo de nuestros trabajos con entero profesionalismo, no creemos que sea tan trascendente un acento... -de todos modos ese trabajo lo hace la secretaria-, cuando muchas veces la secretaria piensa que, si de esa forma lo hace el jefe, significa que es lo correcto. Me ha tocado ver, a todos los niveles y en todo tipo de profesiones, textos escritos con errores de acento imperdonables que incluso pueden cambiar el significado de una idea. Existen palabras como "esta" que puede ser acentuada como aguda (tilde en la letra a), como grave (sin tilde) o como una de las excepciones (poniendo tilde en la letra e cuando se trata de pronombre). Por cierto, y para dejarlo claro, palabras como este, esa, aquel, solamente se les pone acento cuando fungen como pronombres personales.
Por otra parte, hay palabras que nos encanta acentuar aunque no lleven acento. Algunos ejemplos de estas palabras son: imagen, orden, dele, ti, fin. Estas palabras nunca llevan acento y casi siempre las vemos acentuadas, mientras que vemos forceps, biceps, van sin acento, porque cuando crees aplicar la regla correctamente, al saber que las palabras graves que terminan en s no llevan acento, y olvidas que esas dos son las excepciones (junto con los pronombres que ya mencionamos). Los doctores, ingenieros, abogados y muchos otros profesionistas consideran que al no ser ellos especialistas en el lenguaje, no se les debe exigir que escriban perfecto, pero incluso a diario vemos una serie de anuncios publicitarios con graves errores.
Lo peor es que quienes leemos estos mensajes con errores, vemos el momento perfecto para aclarar nuestras dudas sobre si la palabra lleva o no lleva el acento, y si la vemos publicada, entonces nos aseguramos que de esa foram es como se escribe correctamente. Por ende, las publicaciones deben ser hechas por especialistas en el lenguaje.
Estamos llenos de revistas que al publicar errores fortalecen nuestras convicciones equivocadas sobre si una palabra lleva acento o no. Es por eso que reporteros, escritores, correctores, secretarias y toda la gente involucrada en la parte editorial (revistas, diarios, folletos, libros), debemos poner especial cuidado en nuestro trabajo para no confundir al lector. Es parte de nuestra responsabilidad social fomentar la correcta escritura de nuestro idioma, aunque en otras partes del mundo nos pongan trabas para poder lograrlo.
Es tan malo poner acentos en las palabras que no llevan, como no ponerlo en las que llevan; pero si quieren evitarse mayores problemas y latas, yo les recomiendo que hagan lo siguiente: Para no regarla y para que no se vean mal, utilicen solamente palabras que no lleven ni acento ni tilde,Tal como lo hice yo en todo este texto.
- La muerte, doctora. La muerte tras mi puerta - ¿Cómo dijo? ¿herida? Será una muñeca. Nada, señora. Los números ni los mueva. - ¿Y si me pierdo? ya no encontraré quién me quiera - Déjese de bobadas y cierre las piernas.
- ¿No sabe? escriba "muerte" y pronuncia "tragedia" - ¿Error dice? No haga caso de lo que piensa. - Digo un momento que parece un trabalenguas. A veces se toma un cigarro o fuma una cerveza, Pero debería estar con sus muertos dos metros bajo tierra. - ¿A quién se comió usted, señora? ¿a su esposo? ¿a la mesa? ¿No podría esperar unos minutitos a que ponga la cena? - No, doctora. La huesuda me está esperando afuera ¡Mírela! Nos toca tres veces, -tan tan tan- y nadie se da cuenta.
- A la muerte le gusta reírse ¿Qué colores frecuenta? - Todos: Chihuahua, los faros, Bukowski. Lo que sea. Cuando estás cansada pasa junto a ti y dice "¿me dispensa?" y una toda idiota, toda lenta, una levanta los hombros como diciendo "no es molestia" ¡Ah! Pero la parca se la sabe y no espera otra respuesta. Alza su cuchilla, te rebana el alma y la muy puta se la lleva puesta.
Yo no la dejo pasar, doctora. Hago como sordaciega. Cuando grita mi nombre, escapo por la puerta trasera. Caigo entre plantas, entre sales, entre arenas, pero la muerte no me agarra, doctora; Ah no, ...primero muerta.
Noté que todos mis contactos de blog ya jugaron esto; lo que me deja sin cadenas. Así que sólo publicaré mis diez puntos para corresponder al contagio de la Yoka.
El Samy
1.- Cuando voy caminando por la calle, siempre tengo esa necesidad, ansia o súplica de que algún auto se suba a la banqueta y me atropelle. Avanzo como predispuesto a que pase eso.
2.- Me es imposible estar en una habitación o salón con la puerta abierta.
3.- No sé bailar, pero irónicamente me encanta el DDR*. Cuando tengo que bailar en algún antro, rave o derivados, uso el suelo como si fuera un tablero.
4.- Desde el fallecimiento de Damián siempre tengo una botella de tequila en el cuarto, le doy sorbos de vez en cuando. He comprado ya 3 botellas.
5.- En kinder la maestra me reprobaba porque usaba sílabas y palabras que todavía no veíamos en clase.
6.- Estoy a favor del aborto por una sencilla razón: Lo que menos necesita este mundo es más gente.
7.- Nunca puedo leer si no tengo un lápiz a la mano. Es por lo único que suspendo mi lectura, la falta de un lápiz.
8.- Mi hijo irremediablemente se llamaría Nerón, Caín, Darwin o Akenatón.*
9.- Dejé de creer en dios cuando vi el cadáver de mi perro. Tenía 13 años.
10.- Colecciono muñecas de porcelana.
_______________________________________________________________ *El DDR es la máquina de baile de las flechitas que van subiendo. Conocido como Dance Dance Revolution, Pump it'up, o simplemente Maquinita de bailar. * El nacimiento de mi hijo está sujeto al punto 6.
..........................................volando ¿Por qué no te puedes quedar aquí............?
Donde no campanea el viento, donde nada nos descuerva.
Será que me imaginas arropado como se sueñan los amigos muertos; apenas les soplas a su vacío.
Tú pasaste las brasas y las cruces. ¿Sabes volver? Siempre lo supiste. Era tu actitud la que nos decía que nada estaba mal, la que sostenía mis ojos cuando todo parecía ...............................un .......................juego .................de .......bajada
Y creímos que este mundo podía habitarse ¡Cómo nos equivocamos a veces! Cuando tratamos de no mentirnos resulta que eres tú el guía de lo más acertado.
No quisimos ser tan lentos. Nos tienes amando tu fuerza y no hay forma de nutrirnos, de arroparnos.. o damianizarnos.
-¿Me desnudas? Decía una damita. De darle avisos al desvarío deseaba yo dibujar en su dorso algún diamante dilatado entre sus caderas. -¿Me desnudas? Era un dulce desbaratando el decoro; deseando desvestir con mis dedos disléxicos un diseño mal dotado para tan desfallecedora silueta. -¿Me desnudas? Distante, algo demente. La dolorosa dopamina en mi diafragma danzaba con disimulo un indecente destello como descifrando con dientes decrépitos mi desolado descenso por descubrir a esta doncella tan despegada del descanso. -¿Me desnudas? Como un dardo envenenado. Adecuado, definitivo, directo. Un dliema. A mi decir sólo una letra diminuta insistía por darle a aquella diva la inducción para despojarse de cada prenda o bien despedirme en un solo disparo de toda cordura para siempre.
No me he movido. Puedo jurarlo. He estado viendo a la ventana casi durante un mes y medio sin moverme absolutamente para nada.
Y he visto el sol nacer. Lo he visto cuarenta veces siempre con su cara de muerto. Pero luego veo cómo se transforma con el paso del día. Me encanta verlo mutar en algo bellísimo, algo resplandeciente, algo que vuela.
Cuando entró mi padre al cuarto. Me levantó de la mesa y me llevó a acostar. Mientras me arropaba, le dije que yo también quiero convertirme en una Luna
Los fríos pasillos del hospital tenían al fondo un secreto. El señor Baldoza fumaba sin descanso como si aquellos cigarrillos fuesen sorbos de agua. Su primogénito estaba a punto de nacer. Al final del pasillo, las puertas se mantenían firmes como un muro. Solo estaba Baldoza y sus cortos paseos en la sala de espera, con frío, con sus cigarros de agua. Finalmente, y en recompensa, el doctor entró al área y con prisa se acercó al padre. Ambos paralizados, uno por esperar la noticia, otro por dársela. El doctor, ahogado en sudor y nervios, se rascó la cabeza y en un suspiro le soltó la noticia.
- Señor Baldoza. No sé cómo decírselo pero, su hijo es un horno de microondas. El silencio se hizo pesado. El padre quedó perplejo.
- ¿Cómo dijo? - Su hijo, el hijo suyo es nada menos que un horno de microondas.
Imposible. Después de tanto esperar al niño, de pasar el día sin descanso, resultó que había nacido no un muchacho, sino un horno de microondas. A Baldoza se le durmieron los labios y dedos. Todo el silencio en el hospital se enfocó en el confundido hombre.
- Bueno y… ¿y ahora qué hago? - Sepa que su esposa está bien. Vaya a verla, caramba. Vaya.
Con prisa, Baldoza dejó atrás al doctor y caminó el pasillo. los pasos se le hacían cada vez más precipitados y en su cabeza la palabra “microondas” resonaba con angustia. Cuando Baldoza entró a la sala, vio a su mujer recostada en la cama, con el cuerpo cansado y la vista medio muerta.
- ¿Cómo estás? - Bien - ¿Qué pasó?
La mujer sin responder nada cabeceó hacia la mesa del frente. Un pequeño horno de microondas se mostraba brillante y austero junto a la ventana, ahí en la mesita del cuarto.
- ¿Qué quieres que te diga? –Suspiró la mujer- Tenemos por hijo a un horno de microondas, y eso es todo.
Mientras Baldoza se acercaba despacio a la mesa, pensaba qué es lo que había hecho mal, qué clase de broma era ésa. ¿Cuántas parejas alguna vez le dieron luz a un horno de microondas? Baldoza no lo podía creer. Llegó al aparato, veía a su mujer quien seguía dentro de algún trance, y luego levantó el microondas. La mujer guardaba silencio, y el señor Baldoza, avergonzado, giraba lentamente el electrodoméstico entre sus manos revisándole cada esquina, le torcía la perilla, le abría la puertita como buscando algo en el horno de microondas que le gustara.
- Es sólo un horno de microondas –murmuraba- ¿por qué un horno de microondas?
No sé, me importa un pito que las mujeres tengan los senos como magnolias o como pasas de higo; un cutis de durazno o de papel de lija. Le doy una importancia igual a cero al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco o con aliento insecticida. Soy perfectamente capaz de soportarles una nariz que sacaría el primer premio en una exposición de zanahorias; ¡pero eso sí! -y en esto soy irreductible- no les perdono, bajo ningún pretexto, que no sepan volar. Si no saben volar, pierden el tiempo las que pretendan seducirme. Ésta fue, y no otra, la razón de que me enamorase tan locamente de María Luisa. ¿Qué me importaban sus labios por entrega y sus encelos sulfurosos? ¿Qué me importaban sus extremidades de palmípedo y sus miradas de pronóstico reservado? ¡María Luisa era una verdadera pluma! Desde el amanecer volaba del dormitorio a la cocina, volaba del comedor a la despensa. Volando me preparaba el baño, la camisa. Volando realizaba sus compras, sus quehaceres... ¡Con qué impaciencia yo esperaba que volviese volando de algún paseo por los alrededores! Allí lejos, perdido entre las nubes, un puntito rosado. "¡María Luisa! ¡María Luisa!" y a los pocos segundos ya me abrazaba con sus piernas de pluma, para llevarme, volando, a cualquier parte. Durante kilómetros de silencio planeábamos una caricia que nos aproximara al paraíso; durante horas enteras nos anidábamos en una nube, como dos ángeles. Y de repente, en tirabuzón, en hoja muerta, el aterrizaje forzoso de un espasmo. ¡Qué delicia la de tener una mujer tan ligera! aunque nos haga ver, de vez en cuando, las estrellas ¡Que voluptuosidad la de pasarse los días entre las nubes, la de pasarse las noches de un solo vuelo! Después de conocer una mujer etérea, ¿puede brindarnos alguna clase de atractivos una mujer terrestre? ¿Verdad que no hay diferencia sustancial entre vivir con una vaca o con una mujer que tenga las nalgas a setenta y ocho centímetros del suelo? Yo, por lo menos, soy incapaz de comprender la seducción de una mujer pedestre, y por más empeño que ponga en concebirlo, no me es posible ni tan siquiera imaginar que pueda hacerse el amor más que volando.